5. Una diosa danzante

 

 

 

 

 

 

Jesús González Requena
Psicoanálisis y Análisis Textual, 2019
sesión del 2019-10-04 (2)
Universidad Complutense de Madrid
de esta edición: gonzalezrequena.com, 2020

 

 

 

 

 

 

 

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El enigma de la mujer

 



 

Y bien, retomemos ya el asunto donde lo dejamos el otro día: si es la interrogación sobre esta enigmática mujer la que se formula, podemos decir también que se trata, a la vez, de la interrogación sobre el enigma mismo de la mujer.

 

¿Significa eso ampliar demasiado el foco? Yo diría que no, pues bien pocas cosas determinan en lo concreto, para el espectador, a este primer personaje que le es ofrecido. Quiero decir: comparece ahí, en la pantalla, para nuestra mirada, como mujer y, a la vez, como mujer solo caracterizada -al menos por ahora- en el campo del deseo. Y, en esa medida, del todo caracterizada en él: como deseable, y a la vez como deseante de ser deseada:

 


 

Así, todo invita a leer el plano que sigue como uno destinado, no a responder a esa pregunta, pero sí a desplegar en profundidad la interrogación que late en ella.

 

 


Union Square y las dos Alma

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Veamos pues como esa interrogación se despliega en la escritura del film.

 




 

En la parte inferior de la imagen, los tejados de los más altos edificios poblados de carteles publicitarios y, en esa misma medida, de palabras, de signos verbales que podrían estar tejiendo una barrera que tratara de proteger a la ciudad de lo que, desde más arriba, la amenaza.

 

Por lo demás, cosa notable, esas palabras nombran líneas aéreas, es decir: vuelos regulares humanos, en oposición absoluta a los vuelos caóticos de los pájaros.

 

En el centro, como señalando hacia arriba -pues de nuevo prima una neta verticalidad compositiva que confirma la ya presente en el plano que abría la escena- esa gran farola negra que no deja de introducir una cierta connotación mortuoria.

 

Y, junto a ella, esa columna coronada por una joven y esbelta figura femenina que sostiene una corona de laurel en una mano y un tridente en la otra, y que aparenta estar suspendida en un paso de baile.

 

Varios de ustedes, atraídos por el asunto, me han enviado interesante información sobre esta figura.

 

La plaza, como les digo, se llama UniónUnion Square.

 


 

Y el monumento instalado en su centro es conocido como el monumento Dewey.

 

José Luis Caballero me ha enviado esta bien precisa foto.

 

Como puede leerse en ella, el monumento celebra la victoria de este almirante de la armada estadounidense, George Dewey, en la batalla de Cavite -tal es el nombre con la que la conocemos los españoles-, a la que los estadounidenses llaman la Batalla de la Bahía de Manila -lo que tiene un evidente interés para nosotros, pues pasa a ser ya nuestra tercera bahía.

 

Pero es este un monumento de doble faz, pues, a la vez que una victoria, conmemora un crimen: el asesinato del presidente William McKinley, quien había encargado la erección del monumento en conmemoración de aquella victoria naval.

 


 

De ahí que si el tridente que sostiene la figura femenina conmemora esa victoria, la corona de laurel homenajea al presidente asesinado.

 

La escultura que se encuentra en lo alto de la columna es obra de Robert Ingersoll Aitken, quien contrató como modelo para ella -este es un precioso dato que debo a Antonio Máiquez- a una bella joven de San Francisco llamada Alma de Bretteville, de casada Alma de Spreckels.

 

¿Que donde está el interés del asunto? Pues miren, en que la esposa de Alfred Hitchcock tenía el mismo nombre de pila -Alma y su apellido de soltera era Reville.

 

Se dan cuenta, los indicios crecen, la cosa empieza a saturar: no solo el mismo nombre, sino esa notable homofonía entre los apelllidos de ambas: Bretville, Reville.

 

¿Cómo, anotado esto, no proseguir la indagación? Pronto descubrimos otras cosas notables.

 

Pues, como la esposa de Hitchcock, Alma de Bretville era una joven de origen humilde entusiasta del arte. Pronto empezó a estudiar pintura y, para ganarse la vida, comenzó a posar como modelo en talleres de artistas. Fue precisamente posando como modelo del monumento Dewey como conoció al que sería su primer esposo: Adolph Spreckels, un magnate de la industria azucarera.

 

Rica desde entonces, Alma paso a convertirse en gran mecenas del arte moderno.

 

Y fíjense que cosa tan notable: cuando participó en la Exposición Internacional de 1915 -la Exposición Internacional Panama-Pacifico- exponiendo obras de Rodin que ella misma había adquirido, quedó fascinada -la expresión que se usa en la Wikipedia inglesa es fell in love– con el Pabellón Francés.

 


 

Tal fue su fascinación que implicó a su marido en la construcción de su réplica en San Francisco donde, bajo el nombre de Museo del Palacio de la Legión de Honor, instaló su colección particular.

 

De modo que a ella se debe la existencia del museo de arte al que acude Madelaine para contemplar el retrato de Carlotta Valdés:

 


(…)


 

En su apogeo,

 


 

-en este cuadro aparece sentada en el trono de la reina de Rumanía que su marido compró para ella-

 


 

Alma de Bretteville Spreckels, Mrs. Adolph B Spreckels, fue conocida -así se señala en la Wikipedia- como Big Alma y como The Great Grandmother of San Francisco.

 

Veámosla ahora en a su juventud,

 



 

en la época en la que posó para el monumento

 



 

en calidad de Diosa de la Victoria.

 


 

 


La mujer danzante de Psicosis

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¿No les parece que aparenta estar suspendida en un paso de baile? Díganme, ¿qué les recuerda eso en el universo visual del cine de Hitchcock? Porque en éste hay otra notable mujer danzante:

 


 


 

Aquí la tienen.

 

Y por cierto que también ella está arriba.

 

En esa planta de arriba desde la que reina la madre de Norman Bates.

 


•Norman: Now, Mother, l’m gonna bring something up…

•Mrs. Bates: (laughs) l am sorry, boy, but you do manage to look ludicrous when you give me orders.

 

Escuchan la voz de la madre, a la vez que ven a la mujer danzante del cuadro.

 


•Norman: Please, Mother.

•Mrs. Bates: No! l will not hide in the fruit cellar.


•Mrs. Bates: (laughs) You think l’m fruity, huh? l’m staying right here.


•Mrs. Bates: This is my room and no one will drag me out of it, least of all my big, bold son.


•Norman: They’ll come now, Mother. He came after the girl, and now someone will come after him.


•Norman: Mother, please, it’s just for a few days. Just for a few days so they won’t find you.

•Mrs. Bates: Just for a few days?


•Mrs. Bates: ln that dark, dank fruit cellar? No!


•Mrs. Bates: You hid me there once, boy, and you won’t do it again, not ever again! Now get out!


•Mrs. Bates: l told you to get out, boy.

•Norman: l’ll carry you, Mother.


•Mrs. Bates: Norman, what do you think you’re doing?

•Mrs. Bates: Don’t you touch me! Don’t! Norman!


•Mrs. Bates: Put me down!


•Mrs. Bates: Put me down! l can walk on my own.

 

Quizás piensen que ese cuadro solo aparece en esta escena.

 

Pero no es así; había aparecido antes en la escena del asesinato del detective:

 








 

Aquí la tienen.

 

Supongo que recuerdan el crimen.

 

Pero, por si no fuera así, véanlo:

 







rs. Bates






 

Y no piensen que la cosa acaba aquí.

 

Pues hay una tercera escena en la que ese cuadro reaparece:

 


•Lila: Mrs Bates?


 

Ya saben, Lila, en la parte final del fim, se dispone a entrar en la habitación de la madre.

 


 

No he conseguido identificar de que cuadro se trata.

 


 

Ya me gustaría.

 

Pero miren, yo le encuentro un cierto parecido

 


 

con esta fotografía de Alma Bretteville.

 

 


Figura femenina suspendida en un paso de baile

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En cualquier caso:

 


 

Vertigo,

 


 

Psicosis,

 


 

Los pájaros.

 

En los tres casos una figura femenina suspendida en un paso de baile.

 

Y, en Los pájaros, en torno a ella, un volumen de cielo vacío, sólo ocupado por el vuelo desordenado de los pájaros negros.

 

 

A lo que hay que añadir esto otro: que es una diosa femenina que está suspendida en un paso de baile como está suspendida sobre la ciudad la amenaza de los pájaros.

 

Todo indica, pues, una íntima relación entre lo uno y lo otro. Como si su danza estuviera relacionada con los desplazamientos que creíamos caóticos de los pájaros. Como si ella supiera de cierta insólita melodía de la que aquellos participarían.

 

Sé que esto que les digo resulta contradictorio. Pero es ésta una contradicción que está presente en el film, y no solo aquí:

 


 

Todas las tazas están rotas, pero también todas ellas están bien ordenadas, en su exacto lugar.

 

¿Ven que extraña combinación entre caos y orden puede llegar a darse en el film?

 


 

Diríase entonces que esa figura designara una posición asociada a un determinado saber: uno relativo a eso que los pájaros designan en el film.

 

Por otra parte, ¿qué les parece que vería esa estatua femenina si dispusiera de ojos capaces de mirar?

 


 

El plano inicial del film podría, entonces, ser subjetivo de la diosa danzante,

 


 

viendo volar los pájaros negros muy cerca de ella,

 


 

sintiéndose envuelta por sus desordenados desplazamientos,

 


 

o quizás más bien dirigiéndolos con su tridente.

 


 

¿Sería entonces ella la responsable de la quiebra del nombre del cineasta?

 

 


El ascenso de Melanie

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Y por otra parte, ¿no les parece que en cierto modo este plano describe el destino del relato?

 


 

Pues el viaje que pronto comenzará su protagonista -también ella mujer-, ese viaje que en cierto modo ha comenzado ya, desde que se ha internado

 


 

en esa dirección marcada como prohibida, será el de un casi constante ascenso que comienza enseguida,

 


 

subiendo las escaleras de la pajarería,

 


 

que prosigue en un ascensor, rumbo al apartamento de Mitch,

 


 

se prolonga en ese pueblo llamado Bahía Bodega, y luego prosigue

 


 

en dirección a la casa de la maestra.

 

Y el ascenso seguirá

 


 

subiendo a esa colina

 


 

donde Melanie y Mitch tendrán la osadía

 


 

de brindar a cielo descubierto -es decir, bajo la mirada directa de los pájaros.

 

Un ascenso que, finalmente, encontrará su elevación definitiva,

 


 

en la escalera de la casa de la madre:

 














 

Ya saben lo que tiene lugar tras esa puerta. La apoteosis del encuentro con los pájaros.

 

De modo que podríamos decir que esa puerta se abre a aquí:

 


 

Y, así, este plano escribe por anticipado el punto de llegada del viaje de la mujer que protagoniza el film.

 


 


La interrogación por el goce de la mujer

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El correlato de esa imagen de caos y danza -o de danza del caos-

 


 

es esta imagen en la que la bella figura de Tippy Hedren resulta especialmente definida sobre un fondo en flou, es decir, ligeramente desenfocado.

 

Fíjense en su rostro: diríase iluminado por una luz procedente de los pájaros que no deja su huella en el fondo que la rodea.

 

Imposible no anotar la frialdad inexpresiva de su rostro, enmarcado por el intenso amarillo de sus cabellos que contrasta con la negritud del vestido que ciñe su cuerpo.

 

Ningún gesto en él, salvo la contenida interrogación de su mirada.

 

Ella, desde luego, no sabe de qué se trata.

 

Pero, tal y como mira, ¿no les parece que por un momento reconoce esa interrogación como propia?

 

¿Qué interrogación?

 

La que late en la danza -que es a la vez vuelo- de la diosa de la victoria.

 

Y por otra parte, si el vuelo caótico de los pájaros es expresión de una pulsión desatada, si el volar es una de las más constantes metáforas del acto sexual, y si esa figura femenina a la vez danza y vuela… ¿no les parece que la interrogación que habita a Melanie -supongo que se habrán dado cuenta de que su nombre, Melanie, significa negro y por eso remite, también él, al color negro de los pájaros-, no les parece, digo, que es la interrogación por el goce de la mujer lo que está en juego?

 

 

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