7. Vagar para siempre entre los vientos

Jesús González Requena
Edipo II. Del odio a la promesa
Seminario Psicoanálisis y Análisis Textual 2015/2016
sesión del 30/10/2015 (2)
Universidad Complutense de Madrid
de esta edición: gonzalezrequena.com, 2016

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Un ser todo pulsión

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Observen algo sobre lo que no les llamé la atención el otro día.

A la cabeza del grupo galopan Clayton e Ethan.

El primero un poco por delante del segundo, como corresponde a su condición de capitán -es decir, de comandante del grupo. Pero eso va a cambiar enseguida.

Charlie: Captain!

Charlie: Captain Clayton!

Pueden verlo ya: Ethan cabalga ahora en cabeza. Y cada vez se adelantará más al grupo.

Aquí lo tienen: el cabalga con el grupo, pero no forma parte del grupo.

De lo que deben deducir dos cosas: que está solo, que prescinde de los demás, desde luego, pero también que él, a diferencia de todos los otros, es todo pulsión.

Y ese ser todo él pulsión, a su vez, le separa del todo de los otros, seres que viven con su pulsión, pero manejándola, toreándola, dándole salidas amortiguadas.

La oposición entre el predicador e Ethan se sitúa toda ella en este registro.

Clayton: Another one, huh? Gimme a hand, Charlie.

Observen ahora, en este plano general, la ubicación de Ethan.

Queda en el extremo del grupo, en su límite externo, Martin junto a él, pero él, en cambio, del lado del grupo.

En lo que sigue, cuando se abandone el plano de conjunto para pasar al plano contraplano, Ethan, con Martin, aparecerán separados del grupo.

Y en esos planos, como ya ahora, Martin aparecerá siempre del lado del grupo, mientras que Ethan quedará del otro lado.

Esa distancia con respecto al grupo es ya desde ahora proximidad con la piedra: observen que en este plano el rostro de Ethan es tan oscuro como la gran roca que hay al fondo sobre él.


Este plano es, por lo demás, idóneo para confirmar lo último que les dije en la pasada sesión: que el ángulo del disparo de Ethan -cuando dispare a los ojos del cadáver- es, en lo esencial, el mismo de la inclinación de la roca en la que ya ahora se apoya Brad.

Charlie: This one come a long way before he died, captain.

Clayton: Well, Ethan,

Clayton: there’s another one you can score up for your brother.

Aquí lo tienen.

Plano/contraplano. Martin, como les decía, con Ethan, su caballo y su cuerpo vueltos hacia él.

Se darán cuenta de que esa posición hace que su cuerpo y su caballo señale hacia Ethan. Y, a la vez, hace que solo Ethan aparezca fundido con la piedra que hay tras él.



Los muertos están siendo desenterrados

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Nesby: l don’t like it!

Clayton: What don’t you like?

Nesby: lnjuns on a raid generally hide their dead.

Los indios en sus razias suelen ocultar a sus muertos…

Nesby atribuye, a los indios una intención, los humaniza.

Y en eso se equivoca: verán, llegado el momento, que los indios de The Searchers son todo lo contrario.

Pero atiendan ahora a lo otro, más inmediato, que aquí se nombra. Que aquí, en el lugar y momento que el relato atraviesa, los muertos no están ocultos. Están siendo desenterrados.

¿Se dan cuenta del alcance que eso tiene en el que es el cineasta por antonomasia de los cementerios, las tumbas y, sobre todo, los funerales?

Y es que ésta es otra manera de llamar la atención sobre la importancia de este film en la obra entera de Ford: por primera vez una tumba, en vez de cerrarse, se abre.

El año pasado indagamos el motivo:


1. 1876 Mary Agnes (Maime)

2. 1978 Edith (Delia o Della) muerta en 1881

3. Patrick

4. 1881-08-14 Francis (+1953-09-05)

5. 1884 Bridget muerta poco antes de cumplir un año

6. Barbara muerta en 1988

7. 1889 Edward

8. 1891 Josephine

9. 1892 Joanna (Hannah), muerta al poco de nacer

10. 1894-02-01 John Martin

11. 1898 Daniel muerto poco después de nacer

Esa niña muerta, pero no enterrada, sino reencarnada en el hermano que la siguió y que recibió, de ella, su nombre.

Esa niña no está en su tumba, pues fue raptada de ella: vive en el interior del cineasta, donde él mismo la ha olvidado -y es ella la que explica el íntimo lirismo, la extrema delicadeza con la que Ford trata a sus personajes femeninos, por más que esté enterrada tras la capa de dureza que no deja de ser otra parte de la verdad de sí mismo. -Entre lo uno y lo otro se vuelven totalmente comprensibles sus crisis alcohólicas, para las que corresponde mejor el nombre de crisis melancólicas.

Esa niña no está en su tumba, ha sido robada. Y lo indio es uno de los nombres de ese robo.

Nesby: And if they don’t care anything about us knowing…

Nesby: …it only spells one thing:

Se dan cuenta de cómo la magnitud de Ethan crece, siempre reforzada por el muro de piedra que hay tras él.

Nesby: They ain’t afeard of us following or of us catching up with them either.

Ethan: You can back out any time you want,

Ethan: Nesby.

Nesby: Ethan, l didn’t say that!

Nesby: Didn’t say such!

Clayton: Easy, Nesby, easy.


Clayton: Jorgensen!

Ethan: Why don’t you finish the job?


Les decía que el brazo de Brad posee la misma angulación de la piedra, no menos que los disparos de Ethan.


Vagar para siempre entre los vientos

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¿Cuál es el trabajo que hay que terminar?

Ethan: Why don’t you finish the job?

No hay duda: el de la profanación de la tumba.

Pues la tumba ha sido abierta, retirada la tela funeraria que la velaba, aplastada la cabeza del cadáver con una piedra y, finalmente, sus ojos agujereados por las balas.

Clayton: What good did that do you?

Ethan: By what you preach, none.

Ethan contesta: lo que he hecho nada tiene que ver con lo que tú predicas, predicador.

Ethan: But what that Comanche believes…

Pero sí, en cambio, con lo que predican los predicadores comanches.

Y las palabras de Ethan, en lo que sigue, van a encontrar su eco en los gestos de ese personaje en el que, como ya les he dicho, se desdobla constantemente:

Ethan: …ain’t got no eyes,

El modo en el que la figura de Moss hace resonar visualmente lo que las palabras de Ethan declaran da de nuevo a este personaje la función del coro en la tragedia griega: las repite, las canta, las confirma, las amplifica y las hace -como les digo- resonar.

La única diferencia es que aquí -esto es cine- todo eso es hecho visualmente.

Ethan: …he can’t enter the spirit land.

Ethan: Has to wander forever between the winds.

Y la profunda sincronización de ambos personajes se manifiesta igualmente en sus acentuadas, crueles y locas sonrisas:

Pero atiendan a la maldición operada por los disparos y las palabras de Ethan:

Ethan: But what that Comanche believes…

Lo que los Comanches creen


Ethan: …ain’t got no eyes, he can’t enter the spirit land.

es que sin ojos no pueden entrar en el mundo de los espíritus

Ethan: Has to wander forever between the winds.

y tienen que vagar para siempre entre los vientos.

¿Dónde debemos poner el acento? ¿En ese cielo de los comanches que sería la tierra de los espíritus?

Pienso que no, que donde hay que ponerlo es en la posibilidad de entrar en ella, independientemente de que exista o no.

Pero claro, si cabe la posibilidad de que no exista -y nada sugiere que Ethan crea en tal existencia- entonces lo que realmente está en juego no es tanto la posibilidad de entrar allí como la posibilidad de salir de aquí.

¿De dónde?

Del mundo de lo real.

De ese mundo donde todo se mueve sin sentido, en cuaquier dirección, como el viento mismo. -Y recuerden que es así como los indios se mueven en The Searchers.

Se trata, pues, no tanto de arrebatarle el cielo, como de impedirle el descanso de la muerte.

Y en ello los ojos son fundamentales.

Porque se darán cuenta de que lo que Ethan acaba de hacer al disparar a los ojos del indio es lo mismo -así lo siente él- que los indios le han hecho:


Si su figura es aquí totalmente negra lo es porque la visión que le ha sido dada a ver le ha sacado los ojos, arrebatándole para siempre la mirada.

Ha matado, en él, el deseo.

Porque mirar, desde luego, mira.

Pero su mirada está ya, para siempre, fuera del circuito del deseo.

Quiero decir: no hay ya objeto de deseo posible para él; él habita una visión permanente: la visión de lo real.

Ya saben, precisamente eso de lo que ustedes no quieren saber nada: el fondo que queda cuando ha caído la figura del deseo que lo ocultaba con su brillo.

Ethan: You get it, Reverend. Come on, blanket head.

Y la densidad de sus palabras obtienen el suplemento de su salida de escena, doblemente acusada tanto por la mirada interrogativa de Martin como por el vacío, no corregido por un movimiento de cámara, dejado por su ausencia.

Y si se fijan bien, verán que la marca de su presencia sigue, después de todo, ahí, con la contundencia de la piedra misma de la que él está hecho.


El predicador, en cambio, es un hombre piadoso. Dispuesto incluso a ejecutar los códigos de un rito que no es el suyo.

Clayton: All right, boys. Let’s mount up.


La losa cae -de modo que la lápida es la gran roca erguida que hay al fondo, tras ella. Y cuando cae percibimos que sus dimensiones coinciden con las de la distancia que separa los pies de Bradt, quien ha quedado paralizado ahí.

Imaginen donde está este muchacho: arrasado por la imagen que no quiere imaginar de su objeto de amor en manos de unos indios capaces de hacer con ella lo que ya hicieron con Martha.

Es casi un muerto viviente.

Y uno cuya inclinación desolada es, una vez más, la de la roca que se encuentra tras él.

La mirada sonriente de Moss está ahí para acusarlo.


Desafío por la jefatura

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Ethan: They’re camped by the river, about 20 miles from here.

Se dan cuenta de que sigue activo el principio compositivo que ya hemos especificado en la escena anterior.

El grupo a la izquierda -incluso ahora Martin se encuentra integrado con él, aun cuando sea el eslabón más próximo a Ethan.

Luego eso se corregirá, hasta cierto punto, para reestablecer la conexión especial de Martin con Ethan. Pero, por ahora, el aislamiento de Ethan, a la derecha, es absoluto.

Y se dan cuenta, supongo, de que la fractura entre él y el grupo está escrita por la negra grieta entre las montañas que se percibe al fondo.

Ethan: We’ll wait till dark, then circle out so we can jump them before daylight.

Ethan ha sido oficial del ejército confederado. Está acostumbrado a mandar.

Ethan: You right sure you wanna jump them, Ethan?

Notable es su respuesta:

(Gurgles)

Una suerte de rugido corporal.

¿No les parece que es del tipo de las que daba el Cohle de True Detective a los policías que le interrogaban?

Clayton: That’s what we came for, ain’t it?

Clayton: l thought we were trying to get them girls out. Alive. We jump them Comanche, they’ll kill them. You know that.

Brad: Well,

El grupo se segmenta en el momento del desafío por la jefatura:

Los jóvenes son los testigos desconcertados que reclaman su guía.

La ansiedad de Brad lanza sus preguntas en todas direcciones.

Brad: Well, what are we doing, then, Reverend? What are we supposed

Brad: to do, Ethan?

Clayton: Well, what l had in mind was maybe

Clayton: running off their pony herd.

Clayton: A Comanche on foot’s more apt to be willing to listen.

Martin: l think the reverend’s right, don’t you?

Por su parte, Martin reclama de los jóvenes el apoyo al Capitán que es también Reverendo.

Serán varias las veces en las que, a lo largo del relato, intentará contener la furia destructora de Ethan.

Ethan: You think the reverend’s…

Se dan cuenta de que Ethan subraya que es al reverendo más que al capitán al que ha dado la razón.


Ethan avanza hacia los jóvenes y declara, entonces, lo que ese piadoso reverendo no sabe.

Ethan: What does a quarter-breed Cherokee know about the old Comanche trick…

Ford corta para aislarle en plano con Martin

Ethan: …of sleeping with his best pony tied right by his side?

Ethan: You got about as much chance of stampeding that herd as–

¿Se dan cuenta de la autoridad que en el grupo va adquiriendo Martin por su relación con Ethan?:

Ambos a la derecha de esas rocas del fondo que parecen levantar la cabeza como los personajes que se encuentran a su izquierda mientras miran a quien, situado a la derecha, tiene su cabeza recortada sobre el cielo.

Clayton: As you have of finding them girls alive by raiding into them.

No hay duda de que también posee su potencia la figura del capitán que ha decidido imponer su autoridad. Dado que están ya acostumbrándose a percibir como la composición del cuadro escribe las tensiones dramáticas de la escena, seguro que se han dado cuenta de que la mirada firme de Clayton se ve reforzada por la doble línea de la roca que hay tras él.

Clayton: l say we do it my way, Ethan.

Clayton:And that’s an order.

Pero no hay duda de donde está la fuerza,

como lo confirma el que la inclinación de la mirada de Martin replique, en el plano dos, la de Clayton y Nesby en el plano 1.

Todos miran, pues, a Ethan.

Ethan: Yes, sir.

Ethan: But if you’re wrong …

Ethan: …don’t ever give me another!

Y la quiebra del grupo, cada vez más acentuada, repercute con toda su intensidad en Martin.

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