13. El juego de la seducción y sus fingimientos

 

 

 

 

 

 

Jesús González Requena
Psicoanálisis y Análisis Textual, 2019
sesión del 2019-10-25 (2)
Universidad Complutense de Madrid
de esta edición: gonzalezrequena.com, 2020

 

 

 

 

 

 

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Timándose

 

En todo caso, ellos, nuestros personajes, ignoran la presencia de esta jaula y del pájaro que mora en su interior, de la misma manera en que, como les decía, los espectadores del film probablemente no reparan conscientemente en ella mientras contemplan la escena.

 

Y es que tanto unos como otros están instalados en el despliegue del juego de la seducción tal y como se desenvuelve en el campo de lo imaginario.

 

Hay una vieja expresión para eso que les sucede a los seres humanos cuando se ven involucrados en ese juego. Quizás no la conozcan o les parezca ya muy antigua, pero es notablemente precisa: se dice -se decía- que están timándose.

 


•Melanie: Yes. What is it you’re looking for, sir?

•Mitch: Lovebirds.


•Melanie: Lovebirds, sir?


•Mitch: Yes. I understand there are different varieties. Is that true?

 

 


Fingimientos

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•Melanie: Well, yes, there are.


 

El juego de la seducción ha comenzado, Y se despliega, todo él, en el territorio de la representación, por la vía de una variada serie de fingimientos encadenados entre sí.

 

Sabemos que ella finge ser una dependienta, mientras que de hecho participa de un determinado juego que se sitúa del lado del erotismo. -En la medida en que se ha reconocido deseada en la mirada del hombre, se muestra dispuesta a disfrutar del poder que eso le confiere.

 

Por lo que a él se refiere, aun cuando ello todavía no nos ha sido confirmado, intuimos por su actitud que se halla no menos entregado a un determinado juego, del que su deseo es al menos uno de sus componentes. Y adivinamos, en todo caso, que finge no saber que ella no es una dependienta del establecimiento.

 

 


Fingimiento del fingimiento

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Hay fingimiento en la seducción, les digo, pero no cualquier fingimiento, sino uno particularmente específico.

 

Tratemos de aislar su estructura:

 


•Melanie: Yes. What is it you’re looking for, sir?

 

Ella le díce que sí, que podría atenderle.

 

Pero lo dice de manera poco convincente, como si anunciara la posibilidad de no hacerlo, de dedicarse, en cambio, a jugar con él.

 

E, igualmente, sucede con la preguna que le devuelve ¿qué es lo que desea?, en la que finge no saber, pero a la vez sugiere saberlo a la perfección -pues sabe que lo que él desea es a ella misma.

 

¿Se dan cuenta, entonces, de cuál es la estructura de ese particular fingimiento que se pone en juego en la seducción?

 

Digamos primero lo que no es: no es un fingimiento convincente, no es una buena interpretación que nos llevaría a creer indiscutible lo que se nos dice, sino un fingimiento de segundo grado, o, si prefieren, un fingimiento del fingimiento, que se relativiza a sí mismo, pues no tanto finge como finge que finge.

 


•Melanie: Yes. What is it you’re looking for, sir?




•Mitch: Lovebirds.

 

Y, como ven, lo mismo sucede por parte de él: dice que quiere lovebirds, pero lo dice de manera que no queda nada claro que realmente sea eso lo que quiere.

 


•Melanie: Lovebirds, sir?

 

Lo leen en el rostro de ella: ¿este tipo se está quedando conmigo?

 

Para aclararles mejor este asunto de la estructura del discurso del seductor, permítanme que me detenga por un momento en su mejor ejemplo, que es el piropo del seductor, pues es seguramente lo que mejor puede explicarla.

 

Piensen en un enunciado como, por ejemplo, este: eres una mujer bellísima.

 

Eso pueden decirlo igualmente un enamorado y un seductor, pero cada uno de ellos lo dice de una manera notablemente diferente. Así, el enamorado lo dice de manera plenamente convincente -a fin de cuentas, está enamorado. El seductor, en cambio, lo dice con cierto retintín, con una pincelada burlona que relativiza el enunciado y lo pone bajo la rúbrica del fingimiento del fingimiento.

 

De modo que lo que puede leerse en su enunciación es algo así como: podrías ser bellísima para mí, pero podría ser que fueras menos bella de lo que deseas ser y yo podría estar burlandome de ti.

 

Ven la diferencia. Su fondo es cierta lucha de poder que late siempre en el juego de seducción.

 

Pues ven cual es el riesgo del enamorado: que al declarar convincentemente su amor, queda en manos de su amada en calidad de conquistado y, por eso, de alguien potencialmente irrelevante.

 


•Melanie: Lovebirds, sir?


•Mitch: Yes. I understand there are different varieties. Is that true?


•Melanie: Well, yes, there are.


 

Oyen, sin duda, el retintín que late en los enunciados de ambos.

 


El seductor no cesa de decir su verdad

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La cosa, ahora, versa sobre el saber de los pájaros del amor: ¿sabes tu de eso o acaso la verdad es que de eso tú no sabes nada ?

 

Es así, ¿no les parece? Y sin embargo, siendo así, algo más hay que decir de esa estructura.

 

Pues nos encontramos ante una que incluye una doble negación.

 

Y ya saben que esto es como en matemáticas: dos signos negativos seguidos devuelven un signo positivo. Una doble negación constituye una afirmación.

 

Si digo que finjo que finjo es que entonces, en lo esencial al menos, no finjo para nada.

 

Y así sucede que el seductor, a pesar de que se disfraza en su gesto burlón, no cesa de decir su verdad.

 

Quiero decir: la verdad de su deseo, muchas veces desesperado, de seducir, es decir, de ser deseado.

 

Y ciertamente, en el filo de su desafío, algo termina por hacerse evidente: no solo el intenso deseo que circula entre ambos, sino, simultáneamente, el miedo a confesarlo y, así, descubrirse vulnerables.

 


•Mitch: Well, these are for my sister for her birthday, you see,


•Mitch: and as she’s only gonna be 11, I…


•Mitch: I wouldn’t want a pair of birds that were…


•Mitch: too demonstrative.


•Melanie: I understand completely.


•Mitch: At the same time, I wouldn’t want them to be too aloof, either.


•Melanie: No, of course not.


•Mitch: Do you happen to have a pair of birds that are


•Mitch: just friendly?


•Melanie: Oh, I think so.

 

Como ven, el juego sigue.

 

A través de la referencia a los pajaritos del amor, no se habla de otra cosa que del encuentro sexual, por más que se lo proyecte a un tiempo posterior.

 

Podríamos afirmar incluso que Mitch estuviera describiendo por vía metafórica la situación misma en la que se encuentra ahora el juego erótico en el que Melanie y él se hallan involucrados.

 

Pues, a fin de cuentas, pide una pareja de lovebirds galante.

 


•Mitch: Do you happen to have a pair of birds that are


•Mitch: just friendly?

 

Obsérvese que no se dice amigos -friends- sino amigablesfriendly-, dejando abierta al futuro una relación posible.

 

Una pareja, en suma, suspendida en el juego de seducción: ni demasiado demostrativa, ni demasiado distante.

 

Y ella escucha a la perfección lo que late en la demanda formulada por las palabras del hombre, como lo manifiesta la sobreactuada ingenuidad con la que responde a sus solicitudes:

 


•Mitch: I wouldn’t want a pair of birds that were…


•Mitch: too demonstrative.


•Melanie: I understand completely.


•Mitch: At the same time, I wouldn’t want them to be too aloof, either.


•Melanie: No, of course not.

 

 

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