8. La Diosa







Jesús González Requena
True Detective II. La Diosa
Análisis de Textos Audiovisuales 2016/2017
sesión del 08/05/2017 (1)
Universidad Complutense de Madrid
de esta edición: gonzalezrequena.com, 2017




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Dos religiones frente a frente

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Cohle: Marty.


Les decía el otro día que lo primero que se hace visible de la figura oculta tras el follaje es su pecho netamente femenino.


Es digno de anotar, también, que el plano se divide verticalmente en dos términos. A la derecha se encuentran las palabras del Evangelio de Marcos que hablan de Jesucristo y de su compasión, de su capacidad de limpiar y sanar. A la izquierda, esa figura femenina y animal a la vez que, rodeada de vegetación en vez de palabras, presenta un aspecto a la vez sucio y brutal.


¿No les parece, entonces, que nos encontramos ante dos religiones, frente a frente?


En su vértice, que parte el plano por la mitad, entre lo uno y lo otro, ambos detectives.


Y si los detectives son apropiada figuración de investigadores, es decir, de pensadores, y en el límite de filósofos, True Detective, más allá de la reflexión dramatizada de un debate filosófico, se proyecta hacia el origen mitológico-religioso mismo de la filosofía.


Nada facilita mejor comprender en qué ha devenido esta iglesia destruida que contraponerla a la mostrada en el primer episodio:



Ciertamente, aquella parecía ya amenazada por la naturaleza, en forma de ese gran árbol del bosque que la rodeaba con sus grandes ramas. Pero era con todo, todavía, un templo intacto, por oposición al otro:



La una se afirma como templo, la otra, devastada por el fuego -y fue un fuego lo que el asesino provocó la noche del crimen con el que se inició la serie-



y, arrasada por él, posee ahora el aspecto de un ave.



La diferencia se hace tanto más palpable cuanto el cineasta ha buscado formas semejantes de mostrar el acceso de Cohle a cada una de ellas:



En una el altar está ocupado por la cruz, mientras en la otra es la naturaleza, el bosque y el agua, lo que lo ocupa.



La primera es, propiamente, un templo: un espacio cerrado, protegido del mundo -y en primer lugar de la naturaleza exterior. La otra, en cambio, es ya solo un templo desmoronado, invadido por la naturaleza exterior.


Como si se anotara una regresión extrema a los tiempos más arcaicos en los que no había todavía templos y los ritos, como en el caso de los druidas, se realizaban en el bosque mismo. -Y no por casualidad, porque la naturaleza era para ellos lo sagrado mismo.



La diosa Naturaleza

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Así sucede aquí: es la diosa naturaleza la que se ha adueñado de este espacio. Una diosa cuya potencia de transformación, caos y violencia se manifiesta bien en las ruinas del templo cristiano que ha conquistado y derruido.


¿No les parece ésta una imaginería apropiada para unos tiempos como los nuestros en los que se ha dado por confirmada la muerte del Dios patriarcal?


Pero, claro está, siempre que anotemos, simultáneamente, que su trono no ha quedado vacío, pues ha venido a ser ocupado por una diosa materna más arcaica y poderosa: la naturaleza.


Cohle: But there were other times,


La figura crece y se centra en la misma medida en que la cámara se aproxima.


Es, desde luego, más grande y parece más poderosa que los hombres que la contemplan.


Ante ella, Marty se ve obligado finalmente a quitarse sus gafas de sol, con lo que participa también él de la visión:



Algo más, por cierto, podría decirse de ese tamaño: es también el de los psicópatas que le rinden culto y a los que los detectives deberán combatir:



¿No sería entonces oportuno reconocerlos como titanes, quizás incluso como poderosos seres arbóreos?



Por lo demás, resulta evidente que el Errol del dibujo posee el aspecto de uno de esos satiros a través de los que se manifestaba el Baco romano o el Dionisio griego.



Ahora, en cierto modo, Cohle la está tocando.


Pero de tocar hablan las palabras escritas al fondo. Destaca especialmente la palabra compasión, colocada justo sobre la cabeza de Cohle.


¿Hacia dónde se dirige ahora la mirada de ambos?



Es sin duda el pecho de la figura el que captura sus miradas provocando en ellos -como en el espectador- el más extrañado desconcierto.


Sobran los motivos: ello traduce bien el giro sorprendente que aporta este final del segundo episodio con respecto a lo que ocupaba el centro del primero.


¿Qué?


No hay duda:



la figura femenina cornuda se ha puesto de pie.



De modo que pervive como lo que ya es: una manifestación de la diosa a la que ha sido sacrificada.


(Cohle: I thought I was mainlining the secret truth of the universe.)


Me sentía alineado -conectado- con la verdad secreta del universo.


Ahora bien, ¿será esa verdad secreta del universo con la que se halla conectado esa diosa ante la que ahora se encuentran?





Hart repite el gesto de desvelamiento que hace un instante realizara Cohle.



Y éste, a su vez, pasa a ocupar el lugar en el que entonces se encontraba Hart.


Algo más debe ser añadido: no solo la figura femenina cornuda se ha puesto de pie. El enunciado completo es: se ha puesto de pie y amenaza a la cruz.




Su potencia visual se verá incluso incrementada en el comienzo del tercer episodio:




En el que, como se puede apreciar, la presencia de la cruz ha quedado totalmente difuminada.




Los focos y las cámaras ahora presentes parecen casi un comentario sobre el estado actual del espectáculo cinematográfico contemporáneo, fascinado por la emergencia de las fuerzas del mal.



(Theriot: You were as blind to Him as your footprints in the ashes, but He saw you.)


Les decía hace un momento que era como si la figura de la escena del crimen se hubiera levantado.


Ahora esa idea resulta especialmente evidente, pues las hierbas que trepan por la pared y que han sido apartadas para facilitar la toma de fotografías recuerdan la forma del árbol de la escena del crimen.




El vídeo del horror

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Pero en cierto sentido esta figura



se había levantado ya antes:



¿Cuál será su próxima aparición?


Bajo la forma de la versión moderna del Rey Amarillo. Pues El Rey Amarillo (1895) es un relato de Robert William Chambers (1865-1933) cuya idea principal es la de la existencia de un libro terrible a cuyo horroroso hechizo no puede escapar quien llega a leerlo.


True Detective reactualiza esta idea en forma de vídeo: un insoportable vídeo snuff que marca indeleblemente a todo el que lo ve.



Y bien, ahí la tienen, de pie, esta vez en forma de niña.


Pero igualmente coronada.



Y ascendiendo a lo que a todas luces es un trono.






Esta nueva versión del libro del horror en forma de vídeo es una evidente referencia al abismamiento de nuestra cultura contemporánea en el espectáculo pornográfico.



Y por cierto que el propio televisor exhibe ahora la corona cornamentada como lo hace la pequeña niña que vemos en el vídeo avanzar hacia su inmolación.




Y luego siendo dispuesta para ser sacrificada



por figuras disfrazadas de animales.



Como ven, es la misma ambivalencia de la que venimos hablando todo el tiempo: reina coronada y víctima sacrificial.


Pero sucede que eso, tal y como lo atestigua Frazer en La rama dorada, era frecuente en las mitologías agrarias primitivas donde se realizaban sacrificios humanos en los que las víctimas eran representaciones de los dioses a los que esos mismos sacrificios se destinaban.



Apoteosis final

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Y, finalmente,


Errol: Them flies are gettin’ thick.



aquí la tienen de nuevo.


Escondida tras un arbusto, a la izquierda. Luego hacia el centro, bajo la figura de un árbol negro. Y, finalmente, corriendo entre las estrellas y las flores.


Indiscutible, inconfundible tanto su corona cornuda como su sexo femenino.


La veremos mejor más adelante:




Aquí la tienen, de nuevo.



Pero la van a ver con mucha mayor precisión de inmediato.





No hay duda de que es una diosa la que idolatran los criminales de True Detective. De modo que el Rey Amarillo no es el dios de esta religión loca y arcaica, sino solo su supremo sacerdote.


Aunque nunca se dice verbalmente en la serie, sí se dice, como ustedes están viendo, visualmente, con total explicitud. De hecho, en este momento es la mirada de Cohle la que conduce nuestra mirada al sexo de la figura.



Vuelve a aparecer después, cuando Marty sale de la cabaña en la que el criminal tiene atado a su padre.



Aquí tienen de nuevo, mucho más nítidas ahora, las tres figuras cornudas que veíamos al comienzo del episodio.


La que está debajo del árbol se encuentra arrodillada, como lo estaba el cadáver de la víctima al comienzo de la serie.



Marty: Rust?


Y el cineasta nos devuelve, a propósito de Marty, la misma combinación visual con la imagen de esa diosa que ya construyó a propósito de Cohle.


Cohle: Yeah!

Marty: Rust!

Cohle: Here!


Es una figura poderosa y amenazante, la que extiende sus brazos en torno a la cabeza de los dos detectives:



Y es la figura femenina que se encarna una y otra vez en las víctimas de la serie:



Es, en suma, la diosa naturaleza,



la que ha apresado y sometido al padre



a sus ciclos de lujuria y sometimiento.



Hasta aquí la presencia explícita de esta diosa arcaica.


Pero resulta obligado ahora preguntarse hasta donde alcanza su presencia implícita a lo largo de la serie.



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