8. Bateson y los límites del paradigma comunicativo

 

 


Sabotage, 1936, Las aves y el crimen

volver al índice


Acaban de visionar los primeros treinta minutos de Sabotage (1936) y han tenido ocasión de comprobar hasta qué punto las aves están desde el principio en el cine de Hitchcock.

Desde siempre con una presencia explosiva, literalmente ligada al crimen y a la comida. Y también al cine.

Pero lo que han visto es muy poco con respecto a lo que viene después y que podrán ver el próximo día.

En Escenas fantasmáticas analicé ya algunas secuencias de esta película, por su ligazón directa con The Birds y con la escena fantasmática central de Hitchcock. Este año me gustaría llegar más lejos: localizar mejor el modo de emergencia de ese motivo.

Pero aguardaremos todavía algunas sesiones para darles tiempo a ver la película completa.


Imágenes de la Diosa

volver al índice

He recibido nuevas imágenes que les presento.

Sole, escuchando la sugerencia del último día, me ha enviado un par de imágenes de la Diosa en su retorno:

Gustave Moreau: Leda y el cisne, 1865.

Dalí: Leda Atómica, 1949.

E Inmaculada seis:

Fernand Khnopff: Cabeza de mujer

Félicien Rops: La tentación de San Antonio, 1878.

Félicien Rops: Su alteza la mujer, 1885

Félicien Rops: Pornócrates, 1896.

Jean Delville: La Meduse, 1893.

Jean Delville: The Women of Eleusis, 1931.

Jean Delville: The Evil of Perversity, 1891

Y luego hay quien, como Susana, me habla de una película de Beloccio…

Les dije que era cuestión de tiempo, que iban a empezar a ver manifestaciones de la presencia de la Diosa por todas partes.

Por cierto que hoy, mientras venía para aquí, he oído la noticia con la que se abría el informativo de Radio Nacional de España. Decía que dentro de tres años habrá más defunciones que nacimientos en España.

¿Qué que tiene que ver esto con la Diosa? Cuando menos, que manifiesta la negación absoluta de la primera ley del Dios padre: creced y multiplicaos.

¿No les parece que eso confirma la diferencia que, por lo que se refería al siglo XX, les señalé al curso pasado sobre sus dos mitades?

Les decía que en la primera mitad del siglo reinó una violencia explícita, explosiva y masiva. Y que la segunda en cambio fue -y sigue siendo en su prolongación en el comienzo de este siglo- implosiva: ¿no es una suerte de holocausto inverso el que mueran más seres que los que nacen en una determinada civilización?


Discontinuidad quebrada, discriminación cortada

volver al índice

«Although in formal logic there is an attempt to maintain this discontinuity between a class and its members, we argue that in the psychology of real communications this discontinuity is continually and inevitably breached, and that a priori we must expect a pathology to occur in the human organism when certain formal patterns of the breaching occur in the communication between mother and child.»

[Gregory Bateson: 1956, Toward a Theory of Schizophrenia, en Steps to an ecology of mind, Jason Aronson Inc., London, 1987]

«The discrimination between map and territory is always liable to break down, and the ritual blows of peace-making are always liable to be mistaken for the «real» blows of combat.»

[Gregory Bateson: 1954, A Theory of Play and Fantasy, en Steps to an ecology of mind, Jason Aronson Inc., London, 1987]

Esto es una línea continua:

Si la cortamos

se convierte en una línea discontinua, quebrada:

Ahora bien, ¿cómo se quiebra una quiebra? ¿Cómo se corta un corte?

Esto es un conjunto indiscriminado:

Este es el mismo conjunto, pero cortado, es decir, discriminado:

Ahora bien, repito: ¿cómo se corta un corte?


Bateson: tipo y marco

volver al índice

«Hay que tomar en cuenta la relación entre marco psicológico y Gestalt perceptiva, y aquí es útil la analogía del marco de un cuadro. Además de esas líneas que delimitan la Gestalt perceptiva o figuras, existe un fondo o campo que a su vez está limitado por el marco del cuadro. De manera análoga, en los diagramas teóricos de conjuntos el universo mayor dentro del cual se dibujan los conjuntos más pequeños está, a su vez, incluido en un marco.»

[Gregory Bateson: 1954 Una teoría del juego y de la fantasía en Pasos hacia una ecología de la mente, traducción de Ramón Alcalde, Lohlé-Lumen, Buenos Aires, 1998]

Como les decía el otro día, Bateson trata de explicar la noción de marco psicológico a partir de la dialéctica gestáltica del fondo y la figura y de los gráficos utilizados para esquematizar la teoría de los conjuntos.

El asunto es que, al parecer sin darse cuenta de ello, añade un elemento que no está presente ni en uno ni en otro lado. Y ese elemento es precisamente el de marco. Sin duda, los cuadros tienen marco. Pero no hay marco ni en la Gestalt ni en la Teoría de los Conjuntos.

En los gráficos de la teoría de los conjuntos sólo hay conjuntos, de un tipo lógico mayor o menor.

¿De dónde se saca entonces Bateson el marco? ¿Del recuadro con el que se enmarcan los gráficos en los libros? ¿Del marco de la pizarra donde se dibujan los gráficos durante las conferencias?

Sí, pero no solo: también de la necesidad de reencuadrar una imagen para separarla de lo que lo rodea.

Pero ese marco es de un tipo lógico del todo diferente al de todo lo que contiene: pues lo que contiene es el esquema teórico y lo que está fuera de él es lo que no forma parte del esquema teórico.

Y lo mismo por lo que se refiere a la dialéctica de la figura y el fondo:

el fondo carece de marco, es sólo el cuadro el que lo tiene.

Postular un marco para el fondo es intentar pensarlo como una figura: como algo, en positivo. Pero el fondo es negatividad: precisamente, ausencia de figura.

Y si desbordamos los límites -en último término cognitivos- de la teoría de la gestalt, si retomamos los datos gestálticos desde una mirada psicoanalítica, deberemos decir que el fondo no es el conjunto formado por todas las otras cosas; el fondo no es un conjunto, el fondo es lo real.

También: el fondo es la ausencia de figura.

Lo que se comprende bien cuando se formula la cuestión desde el punto de vista del deseo: el objeto de deseo es la figura; si la figura está, el fondo no se ve, pues está tapado por el brillo que emana de ella en tanto objeto para el deseo.

Pero cuando la figura no está, cuando no hay objeto para el deseo, entonces emerge el abismo de lo real. (Les remito a este propósito a un antiguo artículo que pueden descargar desde mi web: El Paisaje: entre la Figura y el Fondo, en Eutopías, 2ª época, vol. 91, 1995, Valencia: Centro de Semiótica y Teoría del Espectáculo, 1995.)

Veamos hasta donde conducen los efectos de esta confusión.

«Consideramos que la necesidad de esta línea externa opuesta al fondo está relacionada con una preferencia por evitar las paradojas de la abstracción. Cuando se define una clase lógica o conjunto de elementos -por ejemplo, la clase de las cajas de fósforos- es necesario delimitar el conjunto de elementos que hay que excluir, en este caso todas las cosas que no son cajas de fósforos. Pero los elementos que hay que incluir en el conjunto del fondo tienen que ser del mismo grado de abstracción, es decir, del mismo tipo lógico que los que quedan dentro del conjunto mismo. Específicamente, para poder evitar las paradojas, la clase de las cajas de fósforos y la clase de las no-cajas de fósforos (aunque ambos elementos no son, evidentemente, cajas de fósforos) no tienen que mirarse como miembros de la clase de no-cajas de fósforos. Ninguna clase puede ser miembro de ella misma. Por consiguiente, en este caso se mira el marco del cuadro como una representación externa de un tipo muy especial e importante de marco psicológico, es decir, un marco cuya función es delimitar un tipo lógico.

«Pero precisamente esta clase de marco es la que precipita la paradoja. La regla para evitar las paradojas insiste en que los elementos que quedan fuera de cualquier línea incluyente tienen que ser del mismo tipo lógico que las que se encuentran dentro de ella, pero el marco del cuadro, según se analizó anteriormente, es una línea que instituye una división entre los elementos de un tipo lógico y los de otro tipo lógicos. Dicho al pasar, es interesante señalar que la regla de Russell no puede formularse sin quebrar esa regla. Russell insiste en que todos los elementos de tipo lógico inadecuado se excluyan (mediante una línea lógica) del fondo de cualquier clase, es decir, insiste en que se trace una línea imaginaria la cual es precisamente de la clase que él mismo prohíbe.»

[Gregory Bateson: 1954, Una teoría del juego y de la fantasía, en Pasos hacia una ecología de la mente]

La necesidad de esta línea externa opuesta al fondo -nos dice Bateson refiriéndose al marco- está relacionada con una preferencia por evitar las paradojas de la abstracción.

En principio, la idea parece lógica, pero no lo es. Todo lo contrario. De hecho el propio Bateson lo reconoce más tarde, cuando comienza el segundo párrafo de la cita afirmando: Pero precisamente esta clase de marco es la que precipita la paradoja.

Y fíjense en el final: es interesante señalar que la regla de Russell no puede formularse sin quebrar esa regla. Russell insiste en que todos los elementos de tipo lógico inadecuado se excluyan (mediante una línea lógica) del fondo de cualquier clase, es decir, insiste en que se trace una línea imaginaria la cual es precisamente de la clase que él mismo prohíbe.

Al parecer, parece afirmar Bateson, Russell no habría resuelto la paradoja, sino que habría quedado atrapado en ella.

Ahora bien, ¿cuál sería esa línea imaginaria sobre la que Russell insistiría que debería ser trazada? En Principia Matemática no está, porque allí no hay líneas. Yo diría que esa línea se la ha inventado Bateson tratando de entender la teoría de los tipos lógicos de Russell con los esquemas con los que suele explicarse la teoría de los conjuntos.

Es una pena que Bateson no haya añadido gráficos a su libro. Yo diría que en lo que está pensando es en un esquema como éste:

Evidentemente, este esquema produce la paradoja, pues la línea circular que delimita la clase de las cajas de fósforos cumple a la vez el requisito de separar dos clase del mismo tipo lógico -la clase de las cajas de fósforos y la clase de las no cajas de fósforos- pero la otra línea, la rectangular, no lo cumple: porque dentro de ella aparecen cosas de tipo lógico diferente: por una parte esas cosas que no son cajas de fósforos, por otra parte la clase de las cajas de fósforos.

De modo que ya está ahí la paradoja de Russell: pues la clase de la caja de fósforos comparte con las cosas que no son cajas de fósforos no ser una caja de fósforos.

Cierto.

Si lo piensan bien creo que se darán cuenta de que es del mismo tipo un ejemplo que pone Bateson en otro momento:

Parece ignorar Bateson -aunque lo sabe, pero no puede manejarlo-, que ésta es una falsa paradoja, pues el recuadro está puesto donde no corresponde.

Vean que fácil es solucionarlo:

Evidentemente, en el gráfico anterior, dentro del rectángulo aparecen dos enunciados simples y un metaenunciado. En éste, en cambio, dentro del rectángulo solo existen enunciados simples -del mismo tipo lógico- y fuera del rectángulo aparece el metaenunciado, en tanto perteneciente a un tipo lógico más abstracto.

Pero recuerden, en cualquier caso, que la llamada paradoja de Russell no es en sentido estricto la paradoja de Russell sino la de Epiménides. Frege había incurrido en ella, y la aportación de Russell fue precisamente resolverla, demostrando que era una falsa paradoja.

Y les insisto: Russell no trabaja con esquemas analógicos, sino con fórmulas.

El asunto es que esta segunda línea, la rectangular, no debería estar ahí:

¿Se dan cuenta? Acabamos de resolver el problema.

Y sin embargo, Bateson la necesita. ¿Por qué?

«Toda la cuestión de los marcos y paradojas puede ilustrarse en términos de la conducta animal, donde pueden reconocerse o deducirse los siguientes tipos de mensaje: a) mensajes de la clase que aquí denominamos signos de estado de ánimo; b) mensajes que simulan signos de estados de ánimo (en el juego, las amenazas, la actividad histriónica, etcétera), y c) mensajes que permiten al receptor discriminar entre signos de estado afectivo y aquellos otros signos que se les asemejan. El mensaje: Esto es juego es de este tercer tipo. Dice al receptor que ciertas dentelladas y otras acciones significativas no son mensajes del primer tipo.

«El mensaje: Esto es juego establece, pues, un marco de referencia de la clase que puede precipitar una paradoja: es un intento de discriminar, o trazar una línea divisoria, entre categorías de tipos lógicos diferentes.

Este análisis del juego y de los marcos psicológicos establece un tipo de constelación tríadica (o sistema de relaciones) entre los mensajes. Una fantasía o un mito puede simular una narración denotativa, y, para discriminar entre estos tipos de discurso, la gente emplea el tipo de mensajes que establece marcos de referencia.»

En mi opinión, aquí está el motivo. Yo diría que este párrafo le sugiere el siguiente gráfico:

Pero sucede que este esquema es bien discutible.

Pues si hace falta el tercer nivel -el del marco- para diferenciar entre el primero y el segundo, entonces no está claro que existan el primero y el segundo pues ¿en qué se diferenciarían?

En nada si es que pueden confundirse y necesitan del tercer nivel para diferenciarse.

Y si se diferencian en algo, entonces el tercer nivel ya no es necesario, pues su propia diferencia permite la discriminación.

Lo que se aclara si introducimos una corrección en el gráfico:

De modo que ya solo quedan dos niveles: el de las conductas signo y el de las etiquetas que las clasifican identificado su modo comunicativo -juego, amenaza, conducta histriónica, engaño, ritual, la fantasía, el arte…

De manera que la diferencia de tipo lógico sólo aparecería entre el signo de estado de ánimo y la etiqueta que lo diferencia.


El acto humano: semiótico, real, imaginario, simbólico

volver al índice

Pero sucede que esta diferencia de tipo lógico tampoco es, después de todo, pertinente, pues todo acto humano es significativo y, por tanto, contiene su etiqueta.

Quizás piensen que me contradigo, pues el otro día les hablaba de la diferencia entre el mordisco real y el signo mordisco que no es un mordisco real. Pero no hay contradicción en lo que les digo, porque el mordisco real pertenece a la clase de los mordiscos reales -llamémosle violencia: la clase de las conductas violentas- como el signo-mordisco pertenece a la clase de los signos-mordiscos -llamémoslo juego: la clase de los juegos -que tampoco está tan lejos de la otra, pues, como todo el mundo sabe, esa es la clase de las conductas violentas contenidas: sólo tienen que pensar en los deportes para darse cuenta de ello.

Y es que todo acto humano tiene dos caras: una cara significación -en tanto que puede ser identificado dentro de una categoría y, así, clasificado, pensado- y otra cara real -irrepetible, pulsional.

En realidad, sería más exacto decir -pero eso desbordaría lo que ahora nos ocupa- que tiene tres caras, pues está también su cara imaginaria -relativa a la identificación que late en ese acto.

Tres caras, pues: la semiótica -signo, significación- la imaginaria -deseo, identificación- y la real -pulsión.

Y como esto les está sonando a lacaniano, permitan que introduzca algunas diferenciaciones, sin por ello, desde luego, negar la influencia lacaniana de esta formulación.

Primero, que corresponden a los tres niveles explicativos freudianos: estructural, dinámico y energético.

Segundo, que hay, además, una dimensión -pero una dimensión que puede faltar- la dimensión simbólica, que define la posición de subjetividad en la que se articulan esas tres caras.

Y cuando digo que puede faltar, añado: esa dimensión es precisamente lo que falta en la psicosis.


Los límites de la lógica de Russell

volver al índice

Y bien, conviene tomar consciencia de que lo que empuja a Bateson a esas soluciones a las que no creo excesivo calificar de descabelladas es el marco logicista, estrictamente cognitivo, en el que trata de encuadrar su reflexión. Conviene por ello, que abramos un pequeño paréntesis para conocerlo mejor.

Les decía que, en rigor, no existe la paradoja de Russell, sino la paradoja que Russell resuelve y que aparece aquí cuando se emplea el marco para delimitar el otro conjunto, el negativo, constituido por todas las cosas que no son cajas de fósforos.

Pero es viable diseñar un esquema analógico que acote el conjunto negativo sin incurrir en la paradoja:


Como ven, en este nuevo esquema la paradoja ha desaparecido.

Ahora bien, este esquema es un tanto confuso, porque, ¿qué hacer con el espacio que hay en el tipo lógico entre esas dos clases, la de las cajas de fósforos y la de las no cajas de fósforos?

Ciertamente, es mejor solución la que nos ofrece este otro esquema:

Ahora sí: el rectángulo rojo define el tipo lógico, y todo su espacio está ocupado por dos clases opuestas: La clase A y la clase no A.

La clase de las cajas de fósforos y la clase de las no cajas de fósforos.

Observen que esta solución nos permite manejar mejor el asunto de la representación de las clases positivas

y de las negativas.

Atiendan a la diferencia esencial que va de este tipo de esquema

a este otro:

Con este último hemos abandonado el territorio de las figuraciones gestaltistas en que se desplazaba todavía el anterior para adoptar el modelo de la rejilla semiótica.

¿A costa de qué? De deshacernos del fondo.

Lo que, por cierto, da buena cuenta del axioma de partida sobre el que Russell levanta su lógica: la postulación de la existencia de una estructura común en el mundo y el lenguaje.

Para Russell el mundo está compuesto por cosas, que corresponden a los nombres del lenguaje. Así, el conjunto de las no cajas de fósforos es un conjunto de cosas tan cosas como las cosas que constituyen el conjunto de las cajas de fósforos. De modo que presupone que lo que no es una cosa es, necesariamente, otra cosa o bien, sencillamente, no existe. No es nada.


La nada es nada, lo real es

volver al índice

Pero miren, si hay algo que es nada, eso es precisamente la nada.

Permítanme que me demore en llamarles la atención sobre el que para mí es el más metafísico de los conceptos: el concepto nada.

¿Qué es la nada? ¿La nada es nada? ¿O la nada no es nada?

La nada es la entificación -por eso metafísica- de la negación.

La mejor prueba de ello es la idea de la creación ex nihilo. Con ella, la nada oculta, tapa lo real.

Los filósofos suelen obcecarse en trabajar a partir de la oposición entre el ser y la nada, donde el ser es lo que es y la nada lo que no es.

Pienso, por contra, que es más sensato partir de la oposición entre la palabra y lo real.

La nada, sencillamente, no existe. Es, como les digo, el resultado de la entificación de la categoría lógica de la negación: imprescindible para pensar pero generadora de todas las confusiones cuando se la entifica.

Lo que no son cosas, no por no serlo dejan de existir: lo que no son cosas es lo real.

Como les digo, el axioma a partir del cual se desarrolla el sistema russelliano es una petición de principio insostenible.

Pero no piensen que eso desautoriza la lógica russelliana. Pues la lógica no es lo real, sino todo lo contrario. Es lo mismo que sucede con los números: no hay números en lo real, pero los números son de una utilidad extrema para operar sobre lo real.

Dicho de otra manera: ese presupuesto de Russell es útil para la lógica, e inaplicable al mundo. O si prefieren: es útil para el mapa pero inaplicable al territorio. Y así, cuando se lo aplica al territorio, inevitablemente éste queda tapado por el mapa.

En suma: Russell confunde el mapa con el territorio. Pues eso es inevitablemente lo que sucede cuando se postula que el territorio tendría la misma estructura del mapa. No sería otra cosa, entonces, que un mapa gigante -de tamaño real- y, a su vez, el mapa no sería otra cosa que un modelo pequeño, reducido, del territorio.

Mas no: el territorio no tiene estructura.

Es, sencillamente, territorio. Es decir: sencillamente, es.

Es el mapa el que proyecta, sobre él, una estructura. O en otros términos: es la rejilla del lenguaje la que introduce estructura en el mundo.


La realidad y lo real

volver al índice

Por ello hace años que vengo proponiendo como esencial la oposición entre la realidad y lo real.

La realidad es el mundo en tanto configurado por la rejilla del lenguaje y, en esa medida, dotado de significado.

Pero más allá de la realidad está lo real, como la resistencia del mundo a la rejilla del lenguaje.

En lo real todo es singular e irrepetible.

En lo real ni siquiera hay cosas, sólo un continuo indiferenciado y caótico.

En lo real todo está en cambio permanente y nada posee límites precisos.

También podemos decirlo así: lo real carece de encuadre.

El mapa, en cambio, siempre lo tiene.

La realidad es el mapa con que el procuramos, la mayor parte de las veces con éxito escaso, controlar lo real.

Es nuestra percepción, en tanto configurada por nuestro lenguaje, la que introduce en el mundo orden y cadencia, límite y reconocibilidad. Creemos volver a encontrar las mismas cosas iguales a sí mismas, pero jamás las cosas son idénticas a sí mismas en dos momentos diferentes del tiempo. Creemos verlas netamente separadas, diferenciadas, de lo que las rodea, pero ello se debe, sencillamente, a que nuestra percepción excluye lo que el microscopio nos permite ver: que no existen tales límites.

Que no existen líneas separadoras en lo real. Que es la geometría la que las introduce en el mundo.

Y, junto a ella, el lenguaje, a través de la diferencia significante: esa que nace de la oposición de dos significantes y que opera sobre el mundo configurando una rejilla como la del último esquema que les he presentado.

Sé que ustedes me objetarán que la ciencia afirma lo contrario, que ella reconoce regularidades en lo real a las que llama leyes.

Pero eso es sólo cierto en parte. No, desde luego, por lo que se refiere a las leyes: la ciencia moderna, mucho más modesta que la antigua, ya sólo habla de probabilidades.

Dado A, B y C, existe un grado X de probabilidad de que se dé F.

Piénsenlo bien: para que hubiera ley y no solo probabilidad, sería necesario que en el mundo sólo existiera A, B y C, de modo que habría de producirse, inapelablemente, F.

Pero eso solo sucede en lo que llamamos experimento científico: la creación de una situación artificial en la que sólo se den las variables que nos interesan. -Aunque sería más exacto decir: eso es lo que intenta ser un experimento, pues tal cosa nunca se logra del todo.

Pero por eso, en cualquier caso, la experiencia es todo lo contrario al experimento. Pues la experiencia lo es siempre de lo real.

Y por cierto que quizás uno de nuestros principales problemas actuales sea nuestra tendencia a confundir el experimento con la experiencia.

Y qué decir de nuestro sistema educativo: educamos a los individuos como si la vida fuera un encadenamiento de experimentos, de modo que hemos renunciado a educarles para afrontar la experiencia de lo real.

A diferencia del experimento, en el que se supone que las variables que intervienen son limitadas, lo real contiene siempre infinitas variables… -pero ni siquiera eso, pues éste es un enunciado del todo inexacto, dado que en lo real no hay variables, ya que las variables no son otra cosa que construcciones de la ciencia creadas para explorar lo real.

Más apropiado sería decir que lo real tiene infinitas dimensiones.

El espejismo lo produce el hecho de que la ciencia -como la percepción humana- sólo puede percibir lo que se repite -lo que presenta cierto patrón de regularidad.

Admirable tarea, la suya, dicho sea de paso.

Pues no piensen que mi discurso sea solipsista. Todo lo contrario: estoy convencido de que la ciencia detecta patrones de regularidad en lo real. Y esos patrones que detecta -y que al hacerlo ensancha, pues nos ayuda a operar de modo que se den las condiciones de su mantenimiento y ampliación- nos ayudan -y mucho- a vivir en el caos de lo real.

Mas no por ello lo real deja de ser caos. Sencillamente porque, como les digo, tiene infinitas dimensiones y, así, todo cabe en ello, incluidas esos pequeños islotes de regularidad en los que, mal que bien, hacemos por sobrevivir.

Por seguir siendo, en la medida en que seguimos tirando del carro.

Pues la cultura, la civilización, es una suerte de Arca de Noé que surca el aciago océano de lo real.


Lo real que empuja por escribirse

volver al índice

¿Por qué entonces la insistencia de Bateson en el marco como una línea diferente a la de la gestalt o el conjunto?

Creo que hay que atender a la connotación: el cambio de la línea curva por el ángulo y la recta.

Creo que de lo que trata de hablar sin terminar de darse cuenta de ello es ni más ni menos que del poder: el poder que introduce la paradoja allí donde no existe porque reclasifica los mensajes negándolos, violentándolos y reclasificándolos.

Observen, a este propósito, los dos marcos, inquietantemente simétricos, en los que se detiene Bateson: la familia y el psiquiátrico.

Y lo más alarmante de todo: esa propuesta terapéutica suya consistente, nos dice, en usar con el paciente, en el psiquiátrico, de nuevo -aunque se supone que de otra manera- el doble vínculo que la madre usara en casa.

Pero de esto nos ocuparemos el próximo día.

Dejaremos por hoy a Bateson retomando esta cuestión ¿por qué su insistencia en la teoría de los tipos lógicos que luego, finalmente, no usa realmente para nada?

Yo diría que sencillamente porque su marco teórico es cognitivo, comunicativo, russelliano y, sin embargo, la experiencia de la psicosis que intenta infructuosamente ceñir con él le es del todo refractaria.

Pues sucede que Bateson sabe de la psicosis e intenta pensarla. De modo que necesita introducir, en ese marco que la excluye, la experiencia misma de lo real.

Y bien, en ese modo de pensamiento cognitivo que es el suyo y que, como hemos visto hoy, excluye tan radicalmente lo real, sólo queda una vía para aproximarse a ello: la paradoja.

Así pues, pienso que lo que le sucede a Bateson es que él sabe de lo real del mundo, pero carece de categorías para pensarlo, dado que las que posee son categorías estrictamente cognitivas: las de la teoría de la comunicación, las de la lógica y las de la psicología.

Y con ellas, como les digo, no es posible pensar lo real.

Pero eso real -de lo que sabe- empuja por escribirse: y lo hace, precisamente, desordenando esas categorías, introduciendo en ellas confusión.

Literalmente: quebrando la quiebra, fraccionando la fractura:

«Although in formal logic there is an attempt to maintain this discontinuity between a class and its members, we argue that in the psychology of real communications this discontinuity is continually and inevitably breached, and that a priori we must expect a pathology to occur in the human organism when certain formal patterns of the breaching occur in the communication between mother and child.»

«The discrimination between map and territory is always liable to break down, and the ritual blows of peace-making are always liable to be mistaken for the «real» blows of combat.»

Es evidente que quebrar la quiebra, fraccionar la fractura y cortar el corte son enunciados descabellados.

Un corte, una fractura o una quiebra pueden ser negados pero no pueden ser cortados, fracturados, ni quebrados.

¿Por qué entonces enunciados tan descabellados?

¿Qué intentan decir?

Dejamos aquí por hoy nuestras reflexiones sobre Bateson.

Ya hemos hecho el trabajo suficiente de desbroce del material, de modo que el próximo día pasaremos a rescatar lo que en positivo nos ofrece su pensamiento sobre la esquizofrenia.

Aunque debo recordarles, de nuevo, que Psycho no es la película idónea para pensar la esquizofrenia. Para ello sería mucho más apropiada, por ejemplo, Inland Empire.