6. La copa vacía y los salvoconductos







Jesús González Requena
Seminario Psicoanálisis y Análisis Textual 2017/2018
sesión del 04/11/2017 (2)
Universidad Complutense de Madrid
de esta edición: gonzalezrequena.com, 2018




 


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Desvalorización, deseo y azar

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Y el desplazamiento hacia la izquierda sigue, insistente.


No podemos dudar que conduce -que está buscando- a Rick.


Por el camino debemos tomamos nota de que nos encontramos ahora en una clandestina sala de juego presidida por una gran ruleta.



Women Playing Cards: Waiter?

Professor: Yes, madame?

Women Playing Cards: Will you ask Rick if he’ll have a drink with us?


También esta mujer pregunta por Rick, a la vez que, como era previsible, le localiza a la izquierda con su mirada excitada: no hay duda de que eso coloca a Rick en el lugar del objeto del deseo.


Cosa que, por lo demás, ya sabíamos,



Pero la lexicalización más precisa del asunto obligaría a decir: en el lugar del portador del objeto parcial del deseo, pues ciertamente eso es el falo: el objeto parcial por antonomasia del deseo.


Recuérdenlo: ese objeto parcial ha quedado investido como tal por la mirada de quien fue el objeto total del deseo -la imago primordial- en el momento mismo en que declaraba, con su mirada, su imposibilidad de ser tal.


Professor: Madame, he never drinks with customers. Never. I’ve never seen it.


La respuesta del camarero -hay que tomarla en serio, porque, además de camarero, es conocido como el
profesor- habla de la inasequibilidad de Rick.


Women Playing Cards 2: What makes saloonkeepers so snobbish?

Dutch Banker: Perhaps if you told him I ran the second-largest bank in Amsterdam.

Professor: The second largest? That wouldn’t impress Rick.


El dinero, decíamos, aparecía como el criterio de valor.


Pero es el suyo un valor dudoso en un mundo movedizo donde todo -incluso el poder del dinero- se ha visto desvalorizado. -Tal fue, por lo demás, el efecto de la turbulenta inflación de aquella época.


De manera que ni siquiera la lógica del dinero rige: y, así, es la ilógica del azar -la ruleta- la que se impone.


professor: The leading banker in Amsterdam is now the pastry chef here.

Dutch Banker: We have something to look forward to.

Professor: And his father is the bellboy.


Como ven, todo ha caído, los banqueros, el valor del dinero, pero también el lugar el padre que ha quedado relegado a la posición del aprendiz y del niño -pues tal es la posición tradicional del botones.



Rick, la copa vacía, el ajedrez

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Professor: Good!


Y llega por fin el último desplazamiento hacia la izquierda.


Entra en cuadro, por primera vez, Rick, aunque solo parcialmente, a través de su brazo extendido hacia adelante.


De modo que el héroe -pero seamos exactos: el que habrá de llegar a serlo, el que alcanzará ese estatuto cuando haya recibido el oportuno mandato y haya superado las pruebas necesarias, es decir, cuando logre abandonar la situación de retraída pasividad en la que ahora le encontramos recluido- comparece, en principio, de modo parcial, en lo que no deja de resonar la cuestión sobre la que les llamaba la atención hace un momento: el carácter de objeto parcial de aquello de lo que es portador.


Se dan cuenta, por lo demás, de que será opuesta la presentación de ella



que emergerá en cambio, por contra, como un objeto total.



Y, así, caracterizado, antes de la mostración de su rostro, por los objetos que le rodean y que a la vez le separan del resto de las gentes que llenan su café/casino.


Recordémoslo: hemos llegado hasta él recorriendo un incesante movimiento hacia la izquierda que comenzó con la entrada en el café desde la calle.


De modo que al fondo de todo, totalmente a la izquierda, es decir, en el pasado, es donde se encuentra instalado Rick.


Y retraído, fortificado por esos objetos, les decía, que le separan de todos los otros: un tablero de ajedrez en primer lugar. Rick juega con las negras. ¿Contra quién? Todo parece indicar que juega solo. Pero eso podría ser igualmente una manera de decir que juega contra todo y contra todos los demás.


Y, porque juega con las negras, la suya es una posición reactiva, dado que, como saben, en ajedrez el primer movimiento es siempre el de las piezas blancas.


Y está también la copa, casi totalmente centrada en cuadro



-en seguida lo estará del todo- y patentemente vacía.


Y si es copa de champagne y el champagne es la bebida del amor, es evidente que es el vacío, la perdida en el campo del amor, lo que más intensamente caracteriza al personaje al que pertenece.


Hay algo más que decir de la posición en la que Rick se encuentra. Antes de llegar junto a él, el camarero ha debido ascender un escalón:



De modo que a mesa de Rick no solo encuentra a la izquierda del local, sino también elevada con respecto al resto de las mesas y, por ello, es necesario ascender para llegar hasta él.


Lo que se aprecia especialmente si prestan atención al desplazamiento -de nuevo hacia la izquierda- del profesor al fondo:




Resulta obligado contrastar el largo desplazamiento hacia la izquierda de la cámara y los personajes que aquí concluye con el opuesto que tendrá lugar en el desenlace del film.


Renault: It might be good for you to disappear from Casablanca for a while.

Renault: There’s a Free French garrison at Brazzaville. I could arrange passage.

Rick: My letter of transit? I could use a trip.

Rick: But it doesn’t change our bet.

Rick: You still owe me 10,000 francs.

Renault: And that 10,000 francs should pay our expenses.

Rick: “Our” expenses? Louis…

Rick: …I think this is the beginning of a beautiful friendship.


Rick, el deseable


•Women Playing Cards: Will you ask Rick if he’ll have a drink with us?


portador del falo,



se encuentra sobre su pedestal.



El espectador cuenta con ver por fin el rostro de Rick, pero su aparición en pantalla se demora una vez más,



pues un plano detalle nos muestra la acción de su mano.


Desde allí, Rick gobierna su mundo, genera y valida sus propios documentos, por más que sean estos documentos de corto recorrido, dado que no poseen otro significado que el valor abstracto del dinero.


Y por cierto que el relato se fecha: 2 de diciembre de 1941, es decir, a cinco días antes del 7 de diciembre de 1941, fecha, como les recordaba el otro día, del ataque japonés a Pear Harbour que forzó la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.




Y todavía una nueva demora.


Como les anuncié, la centralidad de la copa vacía es ahora absoluta.



No es posible dudar de lo que hay en ella de operador a la vez metonímico y metafórico. Basta, para confirmarlo, con echar un vistazo a esta escena posterior -perteneciente al flashback de Paris-:


Ilsa: We said no questions.


en la que opera como metonimia de su relación con Ilsa.


Rick: Here’s looking at you, kid.


Pero, además de operador metonímico, lo es también metafórico:




pues la copa está, por decirlo así, vacía de ella.



Se confirma ahora lo que he venido diciendoles sobre la disposición del espacio de esta segunda sala, la más interior, del Café de Rick.


Ciertamente, Rick se encuentra al fondo, en el extremo opuesta a la puerta que da a la calle.


Estudia la disposición de las piezas en el tablero de ajedrez, examina la posibilidad de comer un caballo…




Medita su jugada.




toma su cigarrillo.



La llegada de los salvoconductos

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Y entonces…


Se abre la puerta de ese espacio clausurado donde él se encuentra refugiado y, a la vez, reina.




Su poder, en ese espacio, es reafirmado.


Él es quien decide quien entra o no entra en su mundo.




Estos sí.


Abdul: Excuse me.



Este no -Rick niega con la cabeza.


Abdul: I’m sorry, sir. This is a private room.

German Banker: Of all the nerve! Who do you think…

German Banker: I know there is gambling in there!


Evidentemente, es el fuerte acento alemán del personaje el que viene a motivar el rechazo de Rick.


German Banker: You dare not keep me out!

Rick: What’s the trouble?

have been in every gambling room from Honolulu to Berlin.


Lo que queda confirmado en seguida por sus propias palabras.


German Banker: If you think I’ll be kept out of a saloon like this, you’re mistaken.

Ugarte: Excuse me, please.

Ugarte: Hello, Rick.

Rick: Your cash is good at the bar.


Rick defiende su fortín, el fortín de su yo, en el que se ha amurallado mientras espera, espera, espera…


German Banker: What? Do you know who I am?

Rick: I do. You’re lucky the bar is open to you.

German Banker: This is outrageous! I shall report it to the angriff!


El alemán se va enfadado.


Pero por el camino, como quien no quiere la cosa, se ha deslizado en el interior del espacio interior de Rick un tercero que no es



ni la pareja admitida,



ni el alemán rechazado.



Ugarte.


Y, con él, llegan nada menos que los salvoconductos.


Como ven, entre lo admitido y lo rechazado, algo se desliza al interior colándose sin ser propiamente ni admitido ni rechazado, sino precisamente así, deslizándose en la ambigüedad, entre lo uno y lo otro.



Amores sadomasoquistas

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Ugarte: Watching you now, one would think you’ve been doing this all your life.

Rick: What makes you think I haven’t?


Es evidente el desprecio que Rick siente hacia Ugarte.


Pero el suyo es un desprecio que le alcanza a él mismo, dado que permite su acceso a su espacio interior.


Ugarte: Nothing.

Ugarte: But when you first came to Casablanca, I thought…

Rick: You thought what?

Ugarte: What right do I have to think?

Ugarte: May I?


La cámara se aproxima lo justo


Ugarte: Too bad about those two German couriers.


para que el arco árabe enmarque la conversación entre los dos hombres cuando las palabras de Ugarte anuncian la llegada de los salvoconductos por la vía metonímica de la designación de los dos correos alemanes que, como sabemos, son dos correos muertos.


Y aunque lo sabemos, ello se nos va a recordar una vez más:


Rick: They got lucky. Yesterday, they were just clerks.


Ayer no eran más que unos mandados


Rick: Today, they’re the honored dead.


y hoy se honra su muerte.


No podemos pues ignorar esta insistente conexión entre los salvoconductos y la muerte, por vía de la condición de muertos de sus portadores.


Y todo ello, mientras que las miradas de ambos personajes señalan a ese tablero de ajedrez en el que Rick sigue pensando su próximo movimiento.


Ugarte: You’re a very cynical person. Forgive me for saying so.

Rick: I forgive you.


Le perdona, claro está, pues sin duda se reconoce instalado en ese cinismo.


En cierto modo, Ugarte devuelve bien una de las voces que se escuchan en el interior de su yo.


Ugarte: Will you have a drink with me?

Rick: No.


Es un no categórico.


Pero observen como, a la vez que Rick lo profiere mientras que sigue pensando en su próxima jugada, toca su copa vacía.


Ya saben que Rick no bebe con nadie, y que eso solo cambiará con la llegada de Ilsa.


Ugarte: I forgot you never drink with… I’ll have another, please.


Y, en cierto modo, esa copa está también sobre el tablero del ajedrez, metáfora sobre la jugada pendiente, es decir, del acto que aguarda.


Ugarte: You despise me, don’t you?


El nuevo plano separa totalmente a los personajes del resto y de la sala en su conjunto.


Es, por decirlo así, un plano íntimo, recogido, donde accedemos al diálogo interior de Rick.


¿Acaso la lampara que hay entre los dos personajes no parece tener dos ojos estrábicos, cada uno de los cuales apuntaría a uno de ellos?


Rick: If I gave you any thought, I probably would.

Ugarte: But why?


Ciertamente, Rick se desprecia, aunque prefiere no pensar en ello.


Ugarte: You object to the kind of business I do, huh?


Quizás piensen ustedes que esto que dice ahora Ugarte desmiente lo que acabo de señalarles, dado que el propio Ugarte reconoce que a Rick no pueden gustarle el tipo de negocios que es el suyo.


Ugarte: But think of all those poor refugees who must rot here if I didn’t help them.

Ugarte: That’s not so bad. Through ways of my own, I provide them with exit visas.




Se hace evidente la diferencia de peso visual entre ambos personajes.


A la solidez de Rick a la izquierda -bien asentado sobre la mesa, sus brazos dibujando un sólido triángulo cuyo vértice se encuentra en su cabeza-, responde un contraplano en el que Ugarte aparece disminuido ante él, de quien además se halla separado por el arco que le enmarca.


Rick: For a price, Ugarte. For a price.


Y ciertamente Rick echa en cara a Ugarte especular con el sufrimiento de los refugiados vendiéndoles las visas que les facilita.


Pero volvamos al asunto del monólogo interior a dos voces: si escuchan atentamente, se darán cuenta de lo qwue justifica lo que les digo:


Ugarte: Think of the poor devils who can’t meet Renault’s price.


Pues es un hecho -lo comprobaremos en una escena bien próxima- que es mucho más fluida y respetuosa la relación de Rick con Renault. -Y bien, ¿por qué, si la conducta de este es incluso más inmoral que la de Ugarte?


Ugarte: I get it for them for half. Is that so parasitic?

Rick: I don’t mind a parasite. I object to a cut-rate one.


No me molesta que seas un parásito. Lo que objeto es que seas un parásito barato.


No es pues la ley ética la que motiva el desprecio de Rick hacia Ugarte, sino el narcisismo que le lleva a rechazar su mediocridad.


Y, de hecho, eso quedará bien establecido más tarde, cuando se muestre decidido a cobrar el precio más alto por los salvoconductos que ahora va a recibir:


Laszlo: Are you enough of a businessman to appreciate 100,000 francs?

Rick: I appreciate it, but I don’t accept it.

Laszlo: I’ll raise it to 200,000.

Rick: My friend, make it a million francs or three. My answer would still be the same.

Laszlo: There’s a reason you won’t let me have them.

Rick: There is. I suggest that you ask your wife.

Laszlo: I beg your pardon?

Rick: I said, ask your wife.

Laszlo: My wife?

Rick: Yes.


Ese es el precio.


Como ven, el más alto imaginable.


Ni más ni menos que la mujer del padre.


Ugarte: Well, Rick, after tonight, I’ll be through with the whole business.


Y por cierto que Ugarte aparece fundido con el tablero de ajedrez: sin duda con él se va a realizar la primera jugada.


Ugarte: And I’m leaving, finally, this Casablanca.

Rick: Who’d you bribe for your visa? Renault or yourself?

Ugarte: Myself. I found myself much more reasonable.


Supongo que se habrán dado cuenta de que Ugarte, cuyos ademanes homosexuales no se les escapan, está enamorado de Rick y desea impresionarle.


Ugarte: Look, Rick.


Mira lo que tengo, Rick.



La partida va a comenzar después de todo.


Ugarte: You know what this is?

Ugarte: Something that even you have never seen.


¿Han visto como los salvoconductos quedan ocultos justo detrás de las negras fichas de ajedrez de Rick?


Y por cierto que esos salvoconductos son excepcionales:


Ugarte: Letters of transit signed by General de Gaulle.


Llegan firmados por alguien más respetable que Pétain, el mismísimo General de Gaulle -ignoremos, como lo hace el mismo film, la notable incoherencia histórica que ello supone-,


Ugarte: Cannot be rescinded. Not even questioned.


Y no pueden ser rescindidos ni cuestionados.


¿Se dan cuenta?


El más valioso de los objetos mágicos llega a las manos de Rick y, sin embargo, él carece de la tarea que pueda permitirle hacer un buen uso de ello.


Y el asunto es que ese objeto mágico puede ser, a la vez, un objeto endemoniado, pues, de hecho, parece que con ellos podría hacerse cualquier cosa, desde la más noble a la más canalla.


Y ello porque están en blanco: todo depende de los nombres que lleguen a escribirse sobre ellos.


Anoten como, desde el inicio mismo del film, queda establecido que el acto decisivo del film pasa por la palabra: queda anunciado desde ahora como un acto de nominación.


Ugarte: One moment.

Ugarte: Tonight, I’ll be selling those for more money than even I ever dreamed of.

Ugarte: And then, addio, Casablanca.

Ugarte: No, Rick, I have many a friend in Casablanca, but just because you despise me…

Rick: …you are the only one I trust.


Como ven, es netamente masoquista el amor de Ugarte hacia Rick.


Ugarte: Will you keep these for me, please?


Y tampoco hay duda de que Rick se deja querer.


¿Acaso no le hemos visto todo el tiempo desplegando una actitud sádica hacia Ugarte?


Las figuras de la perversión pueblan el universo cerrado del yo de Rick.


Rick: For how long?

Ugarte: An hour. Perhaps a little longer.

Rick: I don’t want them overnight.

Ugarte: Don’t be afraid of that. Please keep them for me. Thank you. I knew I could trust you.

Ugarte: Waiter,

Ugarte: I’ll be expecting some people. If anybody asks for me, I’ll be right here.

Ugarte: Rick…

Ugarte: …I hope you’re more impressed with me now. I’ll share my good luck with your roulette wheel.

Rick: Just a moment.


Comienza el movimiento de Rick.


Rick: I heard a rumor those German couriers were carrying letters of transit.


Ugarte: I’ve heard that rumor too.

Ugarte: Poor devils.

Rick: You’re right, Ugarte.

Rick: I am a little more impressed with you.


Ciertamente, Ugarte le ama.





“Tocar madera”

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Sam: Say, who’s got trouble?


Espléndida letra la de esta canción.


Público: We got trouble

Sam: How much trouble?

Público: Too much trouble

Sam: Well now, don ‘t you frown Just knuckle down and knock

Sam: on wood


Y esa es precisamente una de las cosas que Rick va a hacer: tocar madera.


La misma madera que toca Sam, la madera del piano.


Sam: Who ‘s unhappy?

Público: We’re unhappy


Todos somos infelices.


Sam: How unhappy?

Público: Too unhappy

Sam: That won ‘t do When you are blue, just knock on wood


¿Ven lo que les decía?


Rick está tocando madera.


Y es que los salvoconductos, con ese vacío extraordinario que hay en su interior -dado que están en blanco- le abrasan.


Sam: How unlucky?


El caso es que los deposita ahí, en el centro de su local, allí hacia donde miran todos y donde más ruido se produce.


De modo que, en lo que sigue, todo va a girar en torno a ellos.


Público: Too unlucky


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