6. Bateson: los tipos lógicos, el juego y la esquizofrenia

 

 

 

 

Jesús González Requena
Seminario Psicoanálisis y Análisis Textual 2013/2014
Sesión del 15/11/2013 (1)
Universidad Complutense de Madrid
de esta publicación: gonzalezrequena.com, 2014

 

 

 

 

 

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Bateson

 

Dado que han tenido ustedes ocasión de ver Blackmail, pienso que esta es una imagen apropiada como fondo para empezar a ocuparnos de la teoría batesoniana del doble vínculo.

Como ustedes saben, la teoría del doble vínculo se presenta como una

«teoría comunicacional del origen y naturaleza de la esquizofrenia»

Así, tras presentar un ejemplo bien ilustrativo, Bateson afirma que

«aunque existe un cuadro usual de dominio materno en esta familia, no me interesa por el momento decir que ésta sea la forma necesaria del trauma. Sólo me interesan los aspectos puramente formales de esta constelación traumática; y presumo que la constelación podría constituirse también si el padre asumiera ciertas partes de ella, la madre asumiera otras y así todo lo demás.»

«No menciono para nada el contenido de estas secuencias traumáticas, ni me interesa si son sexuales u orales. Tampoco menciono la edad del sujeto en el momento del trauma, ni tampoco me interesa cuál de los dos progenitores tuvo que ver con éste. Todo esto es episódico, por lo que a mí respecta. Lo único que pretendo hacer es reunir y ensamblar los elementos para afirmar que el trauma debió tener estructura formal en el sentido de que distintos tipos lógicos fueron jugados unos contra otros para que se pudiera generar esta patología concreta y en este individuo.»

[Gregory Bateson: 1955 Epidemiología de una esquizofrenia en Pasos hacia una ecología de la mente, traducción de Ramón Alcalde, Lohlé-Lumen, Buenos Aires, 1998]

Como ven, Bateson insiste en su voluntad de concentrarse sólo en los aspectos formales de la relación comunicativa que provocaría la esquizofrenia.

Y cree localizar el núcleo del problema en un mal manejo de los tipos lógicos.

Ahora bien, les advertía el otro día que, al menos esa es mi impresión, cierta contradicción aparece constantemente en Bateson cada vez que intenta formular el doble vínculo en términos de la Teoría de los Tipos Lógicos de Russell.

Sin embargo, Bateson sintetiza muy bien el núcleo de la teoría de Russell:

«La tesis central de esta teoría es que existe una discontinuidad entre una clase y sus miembros. La clase no puede ser miembro de sí misma, ni uno de los miembros puede ser la clase, dado que el término empleado para la clase es de un nivel de abstracción diferente -un tipo lógico diferente- de los términos empleados para sus miembros.»

[Gregory Bateson: 1956, Hacia una teoría de la esquizofrenia en Pasos hacia una ecología de la mente]<


La Teoría de los Tipos Lógicos de Russell

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Merece la pena que nos detengamos en la teoría russelliana, aunque solo sea porque la confusión de los tipos lógicos es una de las que más típicamente comete la gente que comienza a escribir su tesis doctoral.

Es el caso, tan frecuente, de la confusión de las teorías y los conceptos que las constituyen con los hechos a los que se refieren y que aquellos tratan de explicar.

«Pero pongamos un ejemplo concreto -porque, para expresarnos de acuerdo con la teoría de los tipos lógicos, hasta ahora no les he presentado un ejemplo, sino solo una clase de ejemplos: la clase de los ejemplos en los que se confunden las teorías con los hechos que tratan de explicar.

Veamos entonces uno concreto.

Ustedes pueden decir:

«el deseo de Marion la lleva a robar el dinero y huir con él»

tanto como pueden decir:

«el deseo es un concepto de la teoría psicoanalítica>.

Pero lo que no pueden decir -y sin embargo hay que ver cuántas veces se encuentran cosas así en los primeros borradores de las tesis-: es

«el deseo de Marion es un concepto de la teoría psicoanalítica.»

Y es que en el primer caso están hablando de un fenómeno y en el segundo, en cambio, están hablando de un concepto.

Los fenómenos son ocurrencias individuales, singulares, mientras que los conceptos son abstracciones que permiten identificar lo que hay en común en ciertas ocurrencias singulares y, así, clasificarlas y, en buena medida, explicarlas.

O en otros términos: cada concepto es una clase compuesta por determinado conjunto de ocurrencias o de cosas que poseen determinado aspecto en común.

Así pues, en nuestro ejemplo, habríamos incurrido en el error de confundir un tipo lógico -el deseo singular de Marion- con la clase a la que pertenece -el concepto psicoanalítico de deseo.

Veamos un segundo ejemplo.

«La teoría del doble vínculo está presente en la película Psycho

Este es un enunciado mal construido y, por tanto, en términos lógicos, carece de sentido. No es difícil comprender por qué: la teoría del doble vínculo solo podría estar presente en la película Psicosis si uno de sus personajes la nombrara o la explicara en ella, o si apareciera un libro con ese título o se insertara un cartel que hiciera referencia explícita a ella.

Pero nadie en la película, ni sus personajes ni la instancia enunciadora, hace la menor referencia a la teoría del doble vínculo.

Y, aún si así fuera, el enunciado no sería demasiado correcto, pues lo que se daría entonces no sería una presencia de la teoría como tal -pues para ello sería necesario un texto escrito o, cuando menos, un documental científico-, sino una referencia a ella.

De modo que lo correcto sería, en tal caso, decir

«existe una referencia a la teoría del doble vínculo en la película Psycho

Pero evidentemente no era eso lo que pretendíamos decir, sino algo que se parece más bien a esto otro:

«La teoría del doble vínculo permite explicar la película Psycho

Con este nuevo enunciado hemos mejorado algo, pero solo un poco, porque éste sigue siendo un enunciado mal construido y por tanto, nuevamente, carente de sentido.

Y ello porque la teoría del doble vínculo no está hecha para explicar películas, sino conductas humanas.

De manera que lo correcto sería decir que

«La teoría del doble vínculo explica ciertos aspectos de la conducta de los personajes de la película Psycho

También lo sería, dicho sea de paso, afirmar que

«La teoría del doble vínculo explica ciertos aspectos de la puesta en escena de la película Psicosis

Y por cierto que ello nos interesa más, porque pone el acento ya no en los personajes, ni siquiera tan sólo en el cineasta, sino en el tejido mismo del texto fílmico y, por tanto, en la experiencia que, como espectadores, hacemos en él.

Pero dejemos esto ahora porque complicaría innecesariamente lo que en este momento nos ocupa, que es familiarizarnos con la teoría de los tipos lógicos.

Observen que no les he dicho que el último enunciado sea verdadero. Les he dicho tan solo que está correctamente formulado: bien construido de acuerdo a las reglas de la lógica -y, más concretamente, de acuerdo a las reglas definidas por la teoría de los tipos lógicos de Russell.

Y, en cuanto tal, posee, en términos lógicos, sentido -yo preferiría decir: significado– y, por ello puede ser examinado y sometido a prueba en tanto verdadero o falso.

El que sea una cosa u otra dependerá de las pruebas que podamos aducir en su favor.

Por mi parte pienso que es cierto, que fue probado por la vía del análisis textual en la última sesión. Pero incluso en el caso de que no estén de acuerdo con el carácter demostrativo de esas pruebas, no por ello el enunciado dejará de estar correcta, válidamente construido y, así, permitirá una discusión racional, científica, sobre su asunto.

Eso, precisamente, dicho sea de paso, que tanto falta en los debates psicoanalíticos contemporáneos.

Pues bien, voy a mostrarles ahora donde estaban los errores de construcción de los primeros enunciados que les he puesto como ejemplo.

La teoría del doble vínculo es una teoría y, como tal, pertenece a la clase de las teorías. Y la clase de las teorías es una clase de cosas -las teorías- que sólo existe en sí misma y en ningún otro lugar.

Desde luego no en las películas de ficción, pero, si queremos ser precisos, tampoco en los documentales científicos, ni siquiera en los libros. En los libros lo que puede darse es el conjunto de los enunciados que exponen la teoría del doble vínculo como, de hecho, cualquier otra teoría.

Y se dan cuenta que acabo de hablarles de una nueva clase: la clase de los libros.

La clase de los libros es una clase de un tipo lógico superior en abstracción a la clase de los libros teóricos.

Y al mismo tipo lógico de los libros teóricos pertenecen otras clases -esto es lo propio de los tipos lógicos: ser tipos de clases-, así la clase de los libros de ficción, o la clase de los libros infantiles.

Observarán que la clase de los libros de ficción y la clase de los libros infantiles se solapan en parte, pues hay libros que son a la vez de ficción e infantiles.

Como ven, lo que caracteriza a un tipo lógico es que sus miembros son elementos o clases del mismo nivel de abstracción lógica -es decir, del mismo nivel clasificatorio.

A este propósito no debe confundirles el que un libro de matemáticas les parezca más abstracto que uno de literatura infantil, pues no hablamos de abstracción conceptual, sino de abstracción clasificatoria. Y por lo demás recuerden que existe un tipo de autista para el que es mucho más fácil leer un libro de matemáticas que un cuento infantil.


Bateson: el esquizofrénico: tipos, modos y camareras

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Bateson atribuye a uno de los miembros de su equipo de investigación, Jay Haley, el comienzo de su interés por la teoría de los tipos lógicos:

«A Jay Haley corresponde el mérito de haber reconocido que los síntomas de la esquizofrenia sugieren una incapacidad de discriminar los Tipos Lógicos.»

[Gregory Bateson: 1956, Hacia una teoría de la esquizofrenia en Pasos hacia una ecología de la mente]

Sin duda, esa hipótesis nombra algo real, pero no estoy convencido de que su formulación sea la más apropiada. Pues es un hecho que en la sintomatología esquizofrénica se da algo de esa índole: una bien patente ausencia de discriminación.

Pero esa ausencia de discriminación puede ser debida a la confusión de unos tipos lógicos con otros -que es lo que sugiere el enunciado de Haley- o, por el contrario, a algo muy diferente: a una incapacidad de abstracción que llevaría al esquizofrénico a utilizar todos los enunciados como si fueran cosas o fenómenos individuales y no clases.

En el primer caso, que es, como les digo, el que sugiere Haley y retoma Bateson, habría, en el esquizofrénico, un uso erróneo de los tipos lógicos, de modo que estos resultarían confundidos y mezclados entre sí, mientras que en el segundo, sencillamente, no habría tipos lógicos.

Y es precisamente esa primera manera de platear la cuestión la que lleva a Bateson a definir así su hipótesis:

«en la patología de las comunicaciones reales esta discontinuidad se quiebra de manera continua e inevitable, a priori tenemos que esperar que se produzca una patología en el organismo humano cuando se dan ciertos patrones formales de esta quiebra en la comunicación entre la madre y el hijo.»

[Gregory Bateson: 1956, Hacia una teoría de la esquizofrenia en Pasos hacia una ecología de la mente]

De manera que los mensajes de la madre generadores de doble vínculo se caracterizarían por una confusión de los tipos lógicos.

Por cierto, ¿no ven algo chocante en la manera que tiene Bateson de enunciar su hipótesis? Les llamo la atención sobre la sorprendente utilización, por dos veces, de la palabra quiebra, primero como forma verbal y luego como sustantivo.

Sin duda, una continuidad puede quebrarse y así quedar interrumpida. Pero, ¿qué es una quiebra de una discontinuidad?

¿Y si el propio Bateson participara de cierta dificultad en el manejo de los tipos lógicos? ¿Y si padeciera de cierta dificultad de distinguir la continuidad y la discontinuidad?

Volveremos sobre ello.

Pero por ahora conformémonos con anotar algo realmente curioso: y es que cuando Bateson pasa a describir la sintomatología del esquizofrénico, no acusa fallo alguno en el manejo de los tipos lógicos, sino que lo que nombra es una confusión de modos comunicativos:

«el término «función del yo» (tal como se emplea este término cuando se describe a un esquizofrénico como alguien que tiene «debilitada la función del yo») es precisamente el proceso de discriminar modos comunicacionales, sea dentro de la persona o entre la persona y otros. El esquizofrénico manifiesta debilidad en tres áreas de dicha función: a) tiene dificultad para asignar el modo comunicacional correcto a los mensajes que recibe de otras personas; b) tiene dificultad en asignar el modo comunicacional correcto a aquellos mensajes que él mismo profiere o emite de manera no verbal; c) tiene dificultad en asignar el modo comunicacional correcto a sus propios pensamientos, sensaciones y perceptos.»

[Gregory Bateson: 1956, Hacia una teoría de la esquizofrenia, en Pasos hacia una ecología de la mente]

Pero sucede que los modos comunicativos pertenecen, todos ellos, a un mismo tipo lógico -precisamente, el de los modos lógicos– es decir, son clases de un mismo nivel de abstracción.

Él mismo lo reconoce así en la cita que les presento a continuación:

«Es corriente afirmar que los esquizofrénicos tienen «un yo débil». definiré esa debilidad como una perturbación que impide identificar e interpretar aquellas señales que deberían servir para decir al sujeto qué clase de mensaje es un mensaje por él recibido, es decir una perturbación en la interpretación de señales que son del mismo tipo lógico que la señal: Esto es juego

[Gregory Bateson: 1955, Epidemiología de una esquizofrenia, en Pasos hacia una ecología de la mente]

Acto seguido, Bateson propone un interesante ejemplo:

«Por ejemplo, un paciente ingresa en el bar del hospital, y la empleada que está detrás del mostrador le pregunta: ¿En qué le puedo servir? El paciente experimenta la duda de qué clase de mensaje es éste: ¿es un mensaje que se refiere a asesinarlo? ¿Es una indicación de que ella quiere acostarse con él? ¿O le está ofreciendo una taza de café? Escucha el mensaje y no sabe a qué clase o a qué orden pertenece ese mensaje. Es incapaz de seleccionar aquellos rótulos más abstractos que la mayoría de nosotros podemos usar de manera convencional pero que la mayoría de nosotros somos incapaces de identificar, en el sentido de que no sabemos qué cosa nos hizo conocer de qué tipo de mensaje se trata. Es como si, de alguna manera, nosotros hiciéramos una conjetura acertada.»

[Gregory Bateson: 1955, Epidemiología de una esquizofrenia, en Pasos hacia una ecología de la mente]

Sólo ahora aparece una referencia a los tipos lógicos, dado que se suscita una diferencia de abstracción. Pero se mantiene la confusión anterior, pues al decir que el esquizofrénico es incapaz de seleccionar entre esos rótulos más abstractos da a entender que estos existen para él, pero que los confunde a la hora de ponerlos en práctica.

Y, sin embargo, creo que lo que el caso que nos presenta nos hace ver es, bien por el contrario, que no existen para él: que ese paciente no maneja ninguna de esas etiquetas, sencillamente porque no accede al nivel de abstracción en el que éstas existen.

Para quienes sí existen esas etiquetas es para nosotros: nosotros identificamos de inmediato la cafetería como el tipo de contexto en el que si alguien nos dice ¿En qué le puedo servir? lo más probable es que nos ofrezca un refrigerio a cambio de cierto dinero.

Nosotros reconocemos la etiqueta y poseemos el hábito necesario para responder a ella sin tener que dejar de leer el periódico, de modo que muchas veces ni siquiera nos molestamos en mirar a la camarera.

Pero, precisamente, para el psicótico no existen ni esas etiquetas ni esos hábitos. Por eso no le queda más remedio que mirar fijamente a ese extraño ser que tiene frente a sí y que le ha interpelado.

Y es que, para él, todos los seres son seres extraños.

Nadie es, en ese aspecto, tan humano como un esquizofrénico: él está siempre al acecho de la densidad y de la singularidad de cada ser.

Los normales y los neuróticos, en cambio, no: la mayor parte de las veces nos conformamos con reducir a los seres que nos rodean al simple estatuto de agentes de su función -de esa función que define la etiqueta que los clasifica: en la camarera solo vemos a una camarera, como en el conductor del autobús solo vemos a un conductor de autobús o en el bedel a un bedel.

El esquizofrénico no.

Así, por lo que se refiere a la camarera de Bateson, puede que la vea como una inquietante mujer que le invita a mantener relaciones sexuales, como una asesina contratada para asesinarle o como un marciano que le ha abducido en su platillo volante que sólo aparentemente es una cafetería.

Pero todas estas percepciones son percepciones delirantes, y como tales no responden a la interpretación de etiquetas sino a impactos que poseen la contundencia de la certeza.

En el primer caso, estará convencido de haber visto como la camarera le guiñaba el ojo.

En el segundo, habrá visto dibujarse el puñal asesino bajo su falda.

Y en el tercero… lo que ustedes quieran.

Pero esto es lo propio de la certeza del delirio: que no responde a una operación de descodificación y por tanto no da margen a la interpretación.

Es una percepción brutal e inmediata, carente de toda etiqueta. Supone, ciertamente, un contexto, pero uno inclasificable por irrepetible. Absolutamente real.

Y aquí está el problema teórico de Bateson: que en su teoría no hay espacio alguno para lo real. En ella todo es comunicación, la realidad entera se confunde con una inmensa red de mensajes.


Bateson: el juego, la comunicación y lo real

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Conviene entonces que nos adentremos en los presupuestos del pensamiento batesoniano para intentar localizar el origen de esa dificultad.

«El primer paso definido hacia la formulación de la hipótesis que guía esta investigación se produjo en enero de 1952, cuando fui al Zoológico Fleishaker, de San Francisco, para buscar criterios de conducta que indicaran si un organismo es o no capaz de reconocer que los signos emitidos por él mismo y otros miembros de la especie son señales.»

«vi dos monitos jugando, es decir, entregados a una secuencia de interacciones, en la cual las acciones-unidad o señales eran semejantes, pero no las mismas, a las del combate. »

«este fenómeno, el juego, sólo podía producirse si los organismos participantes eran capaces de cierto grado de meta comunicación, es decir, de intercambiar señales que transmitieran el mensaje: Esto es juego.»

«Las acciones no denotan lo que sería denotado por aquellas acciones que estas acciones denotan. Esta dentellada (nip) juguetona denota el mordisco (bite), pero no denota lo que sería denotado por el mordisco.»

[Gregory Bateson: 1954, Una teoría del juego y de la fantasía, en Pasos hacia una ecología de la mente]

Vaya lío con la denotación, ¿no les parece?

Resulta obligado preguntarse: ¿y qué sería lo denotado por el mordisco -y hay que añadir, para evitar la confusión: por el auténtico mordisco-?

Aquí pueden verse los incómodos efectos que produce la teoría de la comunicación cuando afirma que todo es comunicación: resulta, finalmente, incapaz de diferenciar el mordisco del signo mordisco.

Lo que los monitos de Bateson hacen es, precisamente, usar signos. Pero claro, el problema es que para Bateson todo son signos y, así, encuentra serios problemas para diferenciar los signos de lo que no lo son.

De modo que se ve obligado a llamar señales a los signos, para así poder diferenciar los signos (que él llama, como les digo, señales) de los no signos (a los que llama signos), dado que parte del presupuesto de que todo es signo.

Pero, a este propósito, debo declarar mi oposición: no todo es signo, pues un signo es algo que significa algo que él no es y que declara su condición de tal.

De lo que se deduce que los monitos no se pelean, sino que juegan. No se muerden, sino que hacen los signos de morderse.

La confusión puede confirmarse en la argumentación inmediatamente posterior de Bateson:

«Las acciones no denotan lo que sería denotado por aquellas acciones que estas acciones denotan. Esta dentellada (nip) juguetona denota el mordisco (bite), pero no denota lo que sería denotado por el mordisco.»

«De acuerdo con la Teoría de los Tipos Lógicos, tal mensaje es, por supuesto, inadmisible, porque la palabra denota se emplea en dos grados de abstracción, y ambos empleos se tratan como sinónimos. Pero lo único que nos enseña esta crítica es que sería mala historia natural esperar que los procesos mentales y los hábitos de comunicación de los mamíferos se adecúen al ideal del lógico.»

[Gregory Bateson: 1954, Una teoría del juego y de la fantasía, en Pasos hacia una ecología de la mente]

Afirma aquí Bateson que la palabra denotar es usada en dos grados de abstracción diferente.

Está claro que el mordisquito es una abstracción, en tanto designa al mordisco real que no está. Ahora bien, ¿cuál sería la otra abstracción de un tipo lógico diferente -es decir, de un nivel de abstracción diferente?

Solo queda el mordisco real. Pero el mordisco real no es un signo del mordisco real. El mordisco real es un mordisco -real.

¿Qué se deduce de esto?

Que Bateson está contraviniendo el axioma mayor de la teoría de los tipos lógicos que dice utilizar.

Pues ese axioma dice que

«ninguna clase puede ser miembro de sí misma»

Quiero decir: la clase de los mordiscos no puede ser miembro de sí misma: Bateson está confundiendo el elemento de la clase. Un individuo, una cosa individual no es una clase, sino un miembro de una clase. Dicho, también, en otros términos: Bateson está confundiendo el mapa con el territorio, está olvidando que la palabra mordisco no puede morder. Pero, fíjense que cosa tan notable, es él quien lo confunde, no los monitos.

Es un error afirmar que

«la evolución del juego debió ser un paso importante en la evolución de la comunicación»

[Gregory Bateson: 1954, Una teoría del juego y de la fantasía, en Pasos hacia una ecología de la mente]

Sería más apropiado decir que el nacimiento de la comunicación fue simultáneo al nacimiento del juego.

Pero si lo dice así es porque realmente piensa que todo es comunicación. Como lo demuestra, por lo demás, el que se tome al pie de la letra la metáfora comunicativa con la que opera la genética, cuando habla del ADN como un conjunto de información que se transmite.

Y lo mismo podemos decir de los otros modos comunicativos con los que compara el juego: la amenaza, la conducta histriónica y el engaño.

La confusión de la que participa Bateson se hace manifiesta cuando, señalando la naturaleza lábil del encuadre Esto es juego, o Esto es ritual entrecomilla el adjetivo «reales» en la siguiente reflexión:

«La discriminación entre mapa y territorio está siempre expuesta a cortarse, y los golpes rituales de la ceremonia de paz están siempre expuestos a ser confundidos con los golpes «reales» del combate. En tal caso, la ceremonia de paz se convierte en una batalla.»

En rigor, si entrecomilla el adjetivo reales de esos golpes, debería, igualmente, entrecomillar la palabra batalla.

Pues si la batalla es real, reales habrán de ser igualmente los golpes que en ella se producen.

¿Por qué entrecomilla reales? Porque, desde la teoría de la comunicación que practica, todos son mensajes, todo son signos, todo son, en suma, abstracciones.

Y miren no. No todo es comunicación.

Les pondré un ejemplo. Si A mata a B, resulta imposible afirmar que eso, matarle, es un mensaje que le dirige.

Puede, eso sí, ser un mensaje para C. Desde luego, esa es la lógica comunicativa del terrorismo. Pero lo que da su extraordinaria potencia a esa lógica bárbara no es la índole de sus mensajes, sino lo que, en sus actos, desborda absolutamente el campo de los mensajes.

Es decir: la muerte de B es real. Es real el crimen que lo mata.

Bateson confunde continuamente estos dos planos en la misma medida en que tiende a ignorar uno de ellos -claro está, el real.

Hay motivo para ello: las cosas y los actos, en tanto que los percibimos y catalogamos a través del lenguaje, obtienen significación. Los perceptos y los signos con los que los clasificamos son, para decirlo a lo Bateson, etiquetas. Y dado que nuestra percepción es selectiva, tendemos a no ver más que eso. Tendemos a vivir en una realidad tejida de signos y de etiquetas.

Por eso, cuando llego a un bar y me siento en él, no presto atención a la singularidad de la silla que ocupo. Me basta con detectar la etiqueta silla y sentarme en ella.

Así, de lo real, tendemos a saber lo menos posible.

Mas no por ello deja de existir como el fondo que nuestra realidad inteligible tiende a ocultar.

Y así sucede que si me siento y la silla se rompe, entonces choco inevitablemente con lo real que hay en ella. La silla rota aparece entonces, en su singularidad, como una resquebrajadura en el tejido sígnico de la realidad.

Y, por allí, se manifiesta el fondo de lo real. Cosa que, ya saben ustedes, duele.

Si la cosa nos importa, y mucho, es porque, aunque Bateson lo ignore, el esquizofrénico es un ser que pasa la mayor parte de su vida en lo real.

Pero detengo aquí esta reflexión que se resulta cansada por el extremo grado de abstracción que requiere. El próximo día seguiremos con ella.

Para lo cual les invito a revisar ese punto donde Bateson, a propósito de la noción de encuadre psicológico, suscita la dialéctica gestaltica de la figura y el fondo y trata de combinarla con la teoría de los conjuntos.

Repásenla, porque allí se hace un lío que es altamente revelador.

Pero antes de abandonar a Bateson por hoy, no puedo dejar de llamarles la atención sobre el hecho de que, en la última cita que les he presentado, ha vuelto a incurrir en el uso de la palabra opuesta a la que habría debido usar:

«La discriminación entre mapa y territorio está siempre expuesta a cortarse, y los golpes rituales de la ceremonia de paz están siempre expuestos a ser confundidos con los golpes «reales» del combate. En tal caso, la ceremonia de paz se convierte en una batalla.»

Pues lo que hace posible la discriminación es la discontinuidad, es decir, el corte, incluso la fractura.

Si se produce la confusión entre el mapa y el territorio es porque no se produce el corte que hace posible la discriminación y, en su lugar, todo se percibe en términos de una continuidad que, por eso, resulta inevitablemente confusa.

Convendría que revisáramos el texto original inglés para ver el alcance de este tipo de confusión tan insistente.

 

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