27. Baile de cifras

 

 

 

Jesús González Requena
Seminario Psicoanálisis y Análisis Textual 2007/2008
sesión del 30/05/2008 (2)
Universidad Complutense de Madrid
de esta edición: gonzalezrequena.com, 2015

 

 

 

 

 

 

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El diálogo más absurdo

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El viaje sigue.

Y la negra red de Circe envuelve a sus personajes.


Grisby: Where’s Mrs. Bannister?

Michael: I’m sure I don’t know, sir.

No tienen la menor idea de donde esta ella.

Pero al mismo tiempo ella está todo el tiempo presente, en esta Acapulco que, como establecimos, reedita en versión hispana la brasileña Río de Janeiro.

Y de hecho, a ella le encanta Acapulco:

Grisby: She adores it here in Acapulco. So do I, but…

Goldie: It’s nice and quaint, but I want to go back to Frisco.

Grisby: Mind walking with me, fella? I know all the best places. You might enjoy it.

Entre estos dos personajes que flanquean a la mujer se desarrolla uno de los diálogos más absurdos de todo el film.

Grisby: I want to make you a proposition.

Y así ella estará siempre en el fondo de la propuesta loca que Grisby va a realizar a O´Hara.

Por eso esa propuesta se ve bañada por la belleza que todo rezuma en Acapulco.

Grisby: Beautiful, isn’t it?

Michael: The beach, you mean, or the tourists?

Con la transparencia, irrumpe ese extraño aroma de irrealidad, de artificialidad del paisaje que retorna periódicamente en el film.

Y no deja ello de estar en relación con la mención a los turistas. A esos turistas de los que ellos mismos forman parte.

Les llamo la atención sobre lo que de distancia irreal, fronteriza con el deja-vu, puede latir en la posición de cierto tipo de turista. Me refiero a ese modo de ser turista del mundo y de las emociones que el narrador de Fight Club señala en Marla y en sí mismo.

Mucho antes que allí, esa posición estaba presente, por ejemplo, en el Buñuel de La Edad de Oro, como está presente aquí.

Grisby: Everything.

Michael: There’s a fair face to the land, surely. But you can’t hide the hunger and guilt.

Y por cierto que las palabras de O’Hara, aunque eso se pierde en buena medida en la traducción, introducen algo de ese orden al poner en juego un adjetivo que conocemos: fair:

«There’s a fair face to the land, surely.»

No sólo bello sino imaginario como los fairy tales, es decir, los cuentos de hadas.

«There’s a fair face to the land, surely. But you can´t hide the hunger and guilt.»

Es de la culpa de lo que se trata siempre que, en el universo wellesiano, nos aproximamos a la belleza.

Michael: It’s a bright, guilty world.

¿Y cómo no pensar, a propósito de la belleza y de la culpa, en ese lecho de la más bella de las madres al que el niño de 9 años se asomó poco antes de que su madre se desvaneciera?

Ya lo hemos dicho: ella no murió, sólo se desvaneció, a la vez que una vela desaparecía de la tarta para que el círculo fuera totalmente mágico.

Ella, al desvanecerse, se fundió con el mundo: con esa belleza inalcanzable que rodea a ese Michael siempre, ante ella, paralizado.

Por lo demás, basta con poner el 8 en posición horizontal para convertirlo en el signo del infinito.

Y por cierto que en seguida llega la variante más cutre de la culpa:

Man: Darling, of course you pay me.

El gigolo que cobra de la mujer, ¿no habla en cierto modo de esa posición de gigolo que era la de Welles en aquel viaje?

Grisby: What’s your guess, Michael? Think the world’s coming to an end?

El diálogo se dispara entonces en un diapasón loco: de la belleza a la culpa y de ésta al fin del mundo.

Y no menos sorprendente es la respuesta pontifical de Welles,

Michael: There was a start to the world sometime, so I guess there’ll be a stop.

todo él vestido de blanco, recortándose sobre el cielo, literalmente instalado entre las nubes, en una transparencia que parece colocarle en el lugar de Dios.

Un irreal derroche de belleza les rodea.

Grisby: It’s coming, you know.

Michael: Huh?

Grisby: Oh, yeah, it’s got to come.

A la vez próximo, fascinante e inalcanzable.

Grisby: First, the big cities then maybe even this. It’s just got to come.

Michael: I prefer to be somewhere else when it does.

Grisby: I will be. That’s what I need you for, Michael, to see to it that I’m not around.

Grisby: That’s what I need you for, Michael, to see to it that I’m not around. How would you like 5,000

Grisby: dollars?

Michael: What?

Llega entonces la proposición, y está cifrada: 5.000 dólares.

¿No les suena a algo?

¿Acaso no es una cifra muy semejante a esos 50.000 necesarios para costear la Vuelta al mundo en 80 días?

¿Hasta qué punto debemos dar importancia a una cifra que aparece en un texto?

Si quieren mi opinión, les diré que siempre tienen importancia.

Pero en este caso no hay motivo alguno para discutir la cuestión, porque la respuesta se impone por sí misma.

Basta con abrir un contador.

Llevamos 1.

Grisby: That’s what I said, $5,000, fella.

2

Michael: What do I have to do for it?

Grisby: I’ll fill in the details later. Meanwhile,

Grisby: think it over, Michael. $5,000.

3

Grisby: It’s yours.

Grisby: All you have to do is kill somebody.

Uno de los atractivos de esta poderosa secuencia es el modo con el que el bello paisaje de Acapulco aparece y desaparece, cómo es sustituido por un cielo no menos espléndido, como si ellos se encontraran en ningún sitio, solos entre las nubes, en el cielo mismo, tratando de dar con la explicación última del mundo. De ese mundo -recuérdenlo- que está a punto de explotar y desaparecer.

Michael: Who, Mr. Grisby? I’m particular who I murder.

Grisby: Good boy!

Y junto al cielo, el mar.

Así, de pronto, el radiante mar de la culpa lo llena todo, dando a este diálogo su certificado de verdad.

Michael: You know, I wouldn’t like to kill just anybody. Is it somebody I know?

Grisby: Yeah. But you’ll never guess.

Michael: I give up-

Grisby: It’s me.

Así, la idea del suicidio se despliega y pone en escena entre las dos figuras en las que Orson Welles, poeta y cineasta, se presentifica en su film: el cineasta pide al poeta que le mate, es decir, que se imponga deshaciéndose del cineasta. Es decir, todavía, de sus lazos con Bannister, Cohn, Hollywood.


Michael: I’m perfectly sober, Michael. I’m willing to pay $5,000 if the job is well done.

4

Y tan llamativa como la puesta en escena, construida por esos agobiantes grandes primeros planos a cielo descubierto de rostros cargados de sudor, es el retorno insistente de la cifra: esos 5.000 dólares que son el precio y sancionan el buen trabajo.

Michael: This is a straightforward business proposition.

Totalmente seria. Totalmente loca.

Y con el mar de la belleza y de la culpa como testigo.

Michael: I want you to kill me.

Michael: So long, fella.



En el muelle de Sausalito

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Michael: It was early October when we made San Francisco…

Michael: and dropped anchor across the bay from the city, in Sausalito.

Michael: It had been a most interesting cruise.

Michael: All very rich and rare and strange. But I had had no stomach for it.

Michael: To begin with, living on a hook takes away your appetite.

Michael fascinado mira a la mujer.

Pero esa fascinación encuentra para articularse referencias alimenticias, orales: estómago, apetito

Michael: You’ve no taste for any pleasure at all, but the one that’s burning in you.

A esa distinguida, etérea mujer que parece flotar sobre el muelle.

Michael: But even without an appetite I’d learned it’s quite amazing how much a fool like me can swallow.

Elsa: Please, Michael, be careful.

Él la mira, insisto, fascinado.

Él: el marinero, es decir, el sailor, aquel siempre pegado a las velas, pero que sin embargo no puede soplar sobre ellas.

Y a su vez Grisby le mira a él, burlón.

De modo que Welles se pone en escena como ese hombre fascinado, y a la vez se pone en escena como aquel que se burla de esa fascinación.

Luego, esa misma estructura que acabamos de contemplar articulada por montaje externo, se repite por montaje interno, dentro de un mismo plano.

Michael: The car’s down there.

Michael: Mr. Bannister’s waiting to take you into the city…

Michael: to San Francisco. But you’re not going with him.

Michael: You’re going with me.

Elsa: Michael.

Es la estructura de Fight Club, es también la de Valis como de tantas otras novelas de Philip K. Dick.

Por eso, no puede sorprendernos que algo vaya mal en este universo.

Así, ¿qué hace ahí Grisby otra vez, si precisamente acababa de quitase de ahí?

Estaba ahí, pero luego se iba.

Y sin embargo sigue ahí.

Sigue ahí, y sin embargo no hay ni ni listones ni cristales.

Y sin embargo, en el plano que sigue, los listones y los cristales reaparecen.

Michael: You think I can’t take care of you…

Y es la mirada de Grisby la que late sobre este plano en el que Michael susurra sus palabras de amor a Elsa.

Michael: You think I can’t take care of you and I’d be after running off with you to an island to eat berries and goat’s milk.

Elsa: And I’d have to take in washing to support you.

Y ella, con la más elegante dulzura, le dice las palabras más crueles imaginables.

Pero no hay duda de lo fundamental: que no cesa de decirle que no es más que un niño, incapaz de hacerse cargo de ella.

Grisby: Hello, kiddies.

Elsa: There’s George.

Es evidente que ella le conduce a Grisby.

Michael: What would you say to $5,000, to get us started?

5

Grisby: We’ve got a date with a couple of beers, fella.

Grisby: Arthur was asking for you.

Grisby: He wondered where you’d gone.

Grisby: I won’t tell him.

Michael: You didn’t answer my question.

Michael: $5,000.

6

Elsa: Goodbye, Michael.

Michael: Couldn’t we start on that?

Michael: Would you have to take in washing on $5,000?

7


Grisby: Sit down.

Grisby: I suppose you’re wondering what’s behind my little proposition.

Grisby: It’s none of your business, but since we’re what you call «partners in crime»…

Grisby: I’ll tell you that the firm of Bannister & Grisby is insured…

Grisby nos mira fijamente a los ojos.

E, igualmente, Michael.

Grisby: against the death of either partner.

Grisby: That means, if one of us dies the other stands to get a lot of money.

Grisby: Thanks. Now, leave us alone.

sir.

Grisby: Like some other people we both know, I’m not very happily married.

Y diríase que ambos saben de lo que hablan.

Grisby: And another thing, frankly…

Diríase que Michael le entendiera a la perfección, por más que ponga una cara nada convincente de no entender nada.

Grisby: I don’t want to be within 1,000 miles of that city…

Grisby: or any other city when they start dropping those bombs.

Y, otra vez, el fin del mundo.

Bannister: Michael, there’s been a suggestion we drive you into town.

Grisby: Want a beer before you go?

Bannister: I’ll be waiting with Mrs. Bannister in the car.

Grisby: Better meet me in my office. Make it late tonight.

Michael: What for?

Grisby: $5,000.

8

Grisby: That ought to take a girl and a sailor on quite a nice little trip.

Michael: I’ll meet you at your office.

Grisby: There’s a little paper I’d like you to sign.

Hay un documento en la biografía de Welles: el que le hizo firmar su padre, poco antes de su muerte, comprometiéndose a hacer que fuera incinerado y dispersadas sus cenizas en el mar.

Grisby: It’s nothing very binding or important, really just a confession of murder.

Grisby: Here’s to crime!


LI: She say, meet you at aquarium, 9:00, before many people there.

Michael: The aquarium?

Y aparece otra cifra: el 9.

Bannister: If you ever need a good lawyer, Michael, let me know.

Uno tendería a olvidarla, si no fuera porque reaparece de inmediato.


9 del 8, 50.000

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Grisby: «I, Michael O’Hara…

Grisby: «…in order to live in peace with my God, do freely make the following confession.

On the evening of August 9…» That’s tomorrow night, fella.

De modo que mañana, el día de los hechos, será 9 de agosto.

9 de agosto: es decir: el 9 del 8.

Precisamente esas dos cifras que bailaban en torno a la muerte de la madre y la tarta de cumpleaños.

Grisby: «…I shot and killed Mr. George Grisby placing his dead corpse in the Sausalito bay.»

El 9 del 8 arrojará su cadáver al mar.

Si fuera el del padre, cumpliendo lo previsto en aquel otro documento que el joven Welles aceptó firmar a su propio padre…

Es decir: aquella promesa escrita al padre que no pudo cumplir.

Michael: Just a minute, sir.

Michael: What you are reading there, am I suppose to have written it?

Pero precisamente esa fue la situación a propósito de aquel documento que el padre le hizo firmar: su propio padre lo había escrito en su nombre.

Michael: It’s your confession.

Grisby: This is the easiest $5,000 you’ll ever earn, fella.

9

Esta es la última vez que se pronuncia esa cifra: la novena.

Ensayemos a multiplicar 5.000 por 9: el resultado es 45.000.

Pero este es todavía un resultado parcial.

Porque aunque la cifra 5.000 ya no será repetida más veces, sin embargo los 5.000 dólares aparecerán finalmente en cash: contantes y sonantes, en imagen.

Grisby: Why don’t you do it yourself?

Grisby: Commit suicide? Me? Don’t be silly. Suicide is against the law.

Grisby: We’re not going to break the law.

Y por cierto que esa mostración tiene toda la retórica que le da la caja fuerte.

Grisby: This is going to be murder, and it’s going to be legal. I want to live, but I want to vanish.

Grisby los cuenta.

Grisby: I want to go away and change my name, and never be heard of again.

Y los exhibe insistentemente.

Grisby: But that costs money, and it isn’t easy nowadays.

Grisby: If they’re looking for you, they’ll find you, unless they think you’re dead.

Grisby: They’ll find you even on the smallest island in the South Seas.

Y a continuación vemos como parte de ese dinero es entregado ya a O’Hara, quedando pendiente el resto en manos de Grisby.

Grisby: That’s where I’m going to be, fella, on that smallest island.

Grisby: I’ll mail the rest to you after the murder.

De manera que la cifra 5.000 aparece una décima vez.

Y 5.000 por 10 hacen, finalmente, 50.000.


La vuelta al mundo en 80 días

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De modo que 5.000 y 50.000 están tan profundamente emparentadas en The Lady from Shaghai que podrían fusionarse en esas 55.000 libras que fueran robadas del banco de Inglaterra en La vuelta al mundo en 80 días.

Pero si uno se toma la molestia de leer la novela de Verne se da cuenta de que la cifra 50.000 aparece por sí misma en un momento decisivo.

Cuando, en su vertiginoso viaje a través de los Estados Unidos, Phileas Fogg y sus compañeros llegan a Nueva York, han perdido, por sólo 45 minutos el barco que debía tomar para cruzar el Atlántico hasta el puerto de Liverpool.

Seguro que le llamó la atención a Welles que ese barco se llamara El China.

El caso es que Mr. Fogg no se arredra y decide alquilar un barco para que le conduzca hasta Inglaterra. Le hace la proposición al capitán Speedy, dueño del buque mercante Enriqueta.

Por cierto que en el diálogo vuelve a aparecer China:

«Fogg: ¿Queréis llevarme a Liverpool, a mí y a tres personas más?

««Capitán Speedy: ¡A Liverpool! ¿Por qué no a China?

«Fogg: Digo Liverpool.

«Capitán Speedy: No.»

Claro está, Speedy acepta finalmente.

Es un viaje interesante éste, pues dura 9 días:

«La «Enriqueta», en los nueve días, contados desde el 12 de diciembre al 21, podía salvar las tres mil quinientas millas que separan a Nueva York de Liverpool.»

Pero las cosas se complican: la fuerte velocidad que Fogg impone al barco le lleva a un consumo excesivo de carbón y pronto constatan que no va a haber suficiente para toda la travesía.

Bastaría con eso para comprender como Welles podría reconocerse en Fogg: él mismo trabajaba siempre así, a máximo rendimiento, llevando siempre al límite su energía.

Y por cierto que Fogg, imperturbable, decide mantener la navegación a máxima velocidad y, llegado el momento, manda llamar al capitán Speedy:

«- Os he hecho venir para (…) rogaros que me vendáis vuestro buque.

«- ¡No, por mil pares de demonios, no!

«¡Es que voy a tener que quemarlo!

«-¡Quemar mi buque!

««- Sí, todo lo alto, porque estamos sin combustible.

«-¡Quemar mi buque! ¡Un buque que vale cincuenta mil dólares!

«- Aquí tenéis sesenta mil respondió Phileas Fogg, ofreciendo al capitán un paquete de billetes.

«Esto hizo un efecto prodigioso sobre Andrés Speedy. No se puede ser americano sin que la vista de sesenta mil dólares cause alguna sensación. El capitán olvidó por un momento la cólera, su encierro y todas las quejas contra el pasajero. ¡Su buque tenía veinte años, y este negocio podía hacerlo de oro! La bomba ya no podía estallar, porque mister Fogg te había quitado la mecha. (…)

«Y Andrés Speedy, tomando el paquete de billetes, los contó, haciéndolos desaparecer en el bolsillo.»

Pueden objetarme que es 60.000 la cifra que ofrece Fogg y que acepta Speedy.

Pero yo insistiré en que el valor de ese barco que resume toda la energía de Fogg/Wells es de 50.000, como, contra toda previsibilidad, afirma Speedy a continuación:

«Durante esta escena, Picaporte estaba descolorido. En cuanto a Fix, por poco le da un ataque se sangre. ¡Cerca de veinte mil libras gastadas, y aún dejaba Fogg al vendedor el casco y la máquina; es decir, casi el valor total del buque! Es verdad que la suma robada al Banco ascendía a cincuenta y cinco mil libras.

«Después de haberse metido el capitán el dinero en el bolsillo, le dijo mister Fogg:

«- No os asombréis de todo esto, porque habéis de saber que pierdo veinte mil libras si no estoy en Londres el 21 a las ocho y cuarenta y cinco minutos de la noche. No llegué a tiempo al vapor de Nueva York, y como os negabais a llevarme a Liverpool…

«- Y bien hecho, por los cincuenta mil diablos del infierno exclamó Andrés Speedy, porque salgo ganando lo menos cuarenta mil dólares

Diablos, se trata de 50.000

Un hombre cabal Speedy: no confunde lo que vale algo con el precio que en situaciones de ventaja puede obtenerse de ello.

Por lo demás, es notable como en estos breves párrafos se concentran todas las cifras mayores de la novela: 55.000, 50.000, 20.000

Están, como ven, todas las cifras, pero está igualmente la diosa letal y la mujer sacrificada.

«(…) apareció una estatua horrorosa, tirada por dos pares de zebús ricamente enjaezados. Esta estatua tenía cuatro brazos, el cuerpo teñido de rojo sombrío, los ojos extraviados, el pelo enredado, la lengua colgante y los labios teñidos. En su cuello se arrollaba un collar de cabezas de muerto, y sobre su cadera, había una cintura de manos cortadas. Estaba de pie sobre un gigante derribado que carecía de cabeza. (…)

«La diosa Kali dijo en voz baja, la diosa del amor y de la muerte. (…)

«Alrededor de la estatua se movía y agitaba, en convulsiones, un grupo de fakires, listados con bandas de ocre, cubiertos de incisiones cruciales que goteaban sangre, energúmenos estúpidos que en las ceremonias se precipitaban aún bajo las ruedas del carro de Jaggernaut.(…)

«-Un sutty, mister Fogg -respondió el brigadier general- es un sacrificio humano, pero voluntario.

«Esa mujer que acabáis de ver será quemada mañana en las primeras horas del día. (…)

«-¿Y el cadáver? -Preguntó mister Fogg.

«-Es el del príncipe su marido respondió el guía, un rajá (…) de Bundelkund.»»

Hemos visto como en The Lady from Shanghai hay dos mujeres opuestas por más que las encarne una sola actriz.

Y bien, en La vuelta al mundo en 80 días también hay sólo dos mujeres: una es la diosa Kali, la otra la joven viuda que ha de serle sacrificada.

Y por cierto que el sacrificio que la novela describe requiere la colocación de la víctima, tendida e inerte, sobre lo alto de la pira donde habrá de ser quemada junto al cadáver de su esposo:

«Phileas Fogg y sus compañeros lo siguieron, mezclándose entre las últimas filas de la multitud.

«Dos minutos después llegaban al borde del río y se detenían a menos de cincuenta pasos de la hoguera, sobre la cual estaba el cuerpo del rajá. Entre la semioscuridad vieron a la víctima absolutamente inerte, tendida junto al cadáver de su esposo.

«Después acercaron una tea, y la leña impregnada de aceite se inflamó inmediatamente.»

De modo que la novela explícita ese fantasma sacrificial que hemos encontrado en la película.

La diferencia es, desde luego, que en la novela la víctima es salvada, mientras que en la película, como vimos el último día, el sacrificio es consumado.

De modo que es justo al revés de lo que Welles dijo tantas veces: es la película la que contiene la más íntima verdad.

Una intuición: ¿pasaría La vuelta al mundo en 80 días el viaje por Shangai?

Y sin embargo, cuando uno se pone a leer la novela, al llegar a su capítulo 3, se lleva una decepción.

«De Londres a Suez por el Monte Cenis y Brindisi, ferrocarril y vapores 7

«De Suez a Bombay, vapores 18

«De Bombay a Calcuta, ferrocarril 8

«De Calcuta a Hong Kong (China), vapores 13

«De Hong Kong a Yokohama (Japón), vapor 6

«De Yokohama a San Francisco, vapor 22

«De San Francisco a Nueva York, ferrocarril 7

«De Nueva York a Londres, vapor y ferrocarril 9

«TOTAL 80»

[Julio Verne: La vuelta al mundo en 80 días, Capítulo 3]

Pero es una decepción errónea.

O sólo lo es para los que se rinden antes y dejan de leer la novela a la altura de ese capítulo 3.

Es necesario aguantar hasta el capítulo 20 para constatar que Fogg y sus compañeros pierden el barco que sale de Hong Kong hacia Yokohama.

El piloto de un barco al que consulta le da entonces una solución inesperada:

«Pero añadió el piloto, habría, quizá, medio de arreglar la cosa de otro modo. (…)

«¿Cómo? preguntó Phileas Fogg.

«Yendo a Nagasaki, en la punta meridional del Japón, mil cien millas, o a Shangai, ochocientas millas de Hong Kong. (…)

«Piloto dijo Phileas Fogg, en Yokohama es donde debo tomar el correo americano, y no en Shangai ni en Nagasaki.

«¿Por qué no? repuso el piloto. El vapor de San Francisco no sale de Yokohama, sino que hace allí escala, así como en Nagasaki, siendo Shangai su punto de partida

De modo que se embarcan rumbo a Shangai, con el fin de tomar allí el vapor de San Franisco.

Y según se van acercando a Shangai, el barco se interna en una tempestad descrita por la novela como terrible y espantosa.

La gran tormenta de la escena primaria.

Cuando al amanecer se encuentran próximos al puerto de la ciudad, contemplan al vapor que ya ha iniciado su viaje. Pero Fogg logra interceptarlo y subir a él para viajar desde allí hasta Yokohama.

De modo que Shangai y Nagasaki constituyen la parte sumergida del itinerario.

«De Londres a Suez por el Monte Cenis y Brindisi, ferrocarril y vapores 7

«De Suez a Bombay, vapores 18

«»>«De Bombay a Calcuta, ferrocarril 8

«De Calcuta a Hong Kong (China), vapores 13

«De Hong Kong a Yokohama (Japón), vapor 6

[Shangai y Nagasaki]

«San Francisco, vapor 22

«De San Francisco a Nueva York, ferrocarril 7

«De Nueva York a Londres, vapor y ferrocarril 9

«TOTAL 80»

Y atiendan a lo más asombroso: sucede que Nagasaki es un significante decisivo en la vida de Welles.
 

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