2. Mary Shelley, la mujer que alumbró al monstruo


Frankenstein, La novia de Frankenstein

 

 

Jesús González Requena

El Monstruo y la Diosa (James Whale, Mary Shelley)

Seminario impartido en el

Seminario de Investigación II de la Maestría en Comunicación y Medios

Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura IECO/FACARTES

Universidad Nacional de Colombia, Bogotá

18/02/2010

de esta edición: gonzalezrequena.com, 2014

 

 

 


Una criatura sorprendente

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Les decía que la interrogación final nos devolvía al principio

donde ya fue formulada y en los mismos términos:

Repitamos, pues, la pregunta: ¿quién es The Monster’s Mate, esa pareja sexual del monstruo -y por ello mismo, necesariamente, también ella monstruosa?

Así comienza La novia de Frankenstein, en lo que de inmediato va a conformarse como una recreación del ambiente en el que fue escrita la novela.

Ese ambiente, precisamente, que Mary Shelley describía así en el prólogo de su libro:

«Pasé el verano de 1816 en los alrededores de Ginebra. La temporada era fría y lluviosa, y por las noches nos agrupábamos en torno a la chimenea. Ocasionalmente nos divertíamos con historias alemanas de fantasmas, que casualmente caían en nuestras manos. Aquellas narraciones despertaron en nosotros un deseo juguetón de emularlos. Otros dos amigos (cualquier relato de la pluma de uno de ellos resultaría bastante más grato para el lector que nada de lo que yo jamás pueda aspirar a crear) y nos comprometimos a escribir un cuento cada uno, basado en algún acontecimiento sobrenatural.

«Sin embargo, el tiempo de repente mejoró, y mis dos amigos partieron de viaje hacia los Alpes donde olvidaron, en aquellos magníficos parajes, cualquier recuerdo de sus espectrales visiones. El relato que sigue es el único que se terminó.»

[Mary Shelley: Frankenstein, Prólogo.]

Lord Byron: ¡Deliciosamente dramático!

Lord Byron: La manifestación más salvaje de la naturaleza ahí fuera

Lord Byron: y nosotros tres, dichosos, aquí dentro.

Entonces uno repara en que aquí también había tres:

Lord Byron: Quiero pensar que Jehová, furioso, estaba apuntando sus flechas luminosas a mi cabeza.

Lord Byron: A la erguida cabeza de George Gordon, lord Byron, el gran pecador de Inglaterra.

Lord Byron: Pero no puedo ser tan presuntuoso. Seguramente los truenos son para Shelley.

Lord Byron: Un aplauso del cielo al mejor poeta de Inglaterra.

Shelley: ¿Y por qué no para mi Mary?

Lord Byron: Ella es un ángel.

Mary Shelley: ¿En verdad lo crees?

¿Es ella un ángel?

La prueba de que el cineasta lo duda se encuentra, de inmediato, en el hecho de que haya escogido para ponerla en escena a la misma actriz que interpreta a la terrible novia de Frankenstein.

Lord Byron: ¿Lo oyes? Acércate, Mary. Ven a ver la tormenta.

Mary Shelley: Sabes que los truenos me asustan.

Mary Shelley: Shelley, querido, ¿podrías encender las velas?

Shelley: Sí, cariño.

Lo que desde luego sí es es una criatura sorprendente:

Lord Byron: Una criatura sorprendente.

Mary Shelley: ¿Yo, lord Byron?

Lord Byron: Temerosa del trueno y de la oscuridad. Y aún así, has escrito una historia que me ha puesto los pelos de punta.

Mary Shelley: ¡Ja!, ¡ja!

Lord Byron: Mírala,

Lord Byron: ¿no te parece increíble que una cabeza tan bella ideara Frankenstein?

Es esta una pregunta del todo procedente. ¿Qué tipo de mujer era la que alumbró al monstruo de Frankenstein?

Lord Byron: Un monstruo creado a partir de cadáveres robados de tumbas.

Y no tanto porque escribiera un relato de terror, sino, sobre todo, porque los dos protagonistas del mismo son dos hombres.

Y porque se trata de un relato escrito en primera persona -por uno de ellos-, y atravesado por una intensa identificación con esos dos hombres.

Lord Byron: ¿No es asombroso?

Mary Shelley: No sé de qué te sorprendes.

Mary Shelley: ¿Qué esperabas?

Mary Shelley: El público necesita algo más fuerte que historias de amor.


Mary y Percy Shelley

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Mary Shelley: ¿Por qué no escribir sobre monstruos?

¿Perciben el fondo hiriente que late en este elegante diálogo de salón?

Deberían hacerlo, si es que se han tomado en serio las palabras del prólogo de la novela que les he presentado:

«Pasé el verano de 1816 en los alrededores de Ginebra. La temporada era fría y lluviosa, y por las noches nos agrupábamos en torno a la chimenea. Ocasionalmente nos divertíamos con historias alemanas de fantasmas, que casualmente caían en nuestras manos. Aquellas narraciones despertaron en nosotros un deseo juguetón de emularlos. Otros dos amigos (cualquier relato de la pluma de uno de ellos resultaría bastante más grato para el lector que nada de lo que yo jamás pueda aspirar a crear) y o nos comprometimos a escribir un cuento cada uno, basado en algún acontecimiento sobrenatural.

«Sin embargo, el tiempo de repente mejoró, y mis dos amigos partieron de viaje hacia los Alpes donde olvidaron, en aquellos magníficos parajes, cualquier recuerdo de sus espectrales visiones. El relato que sigue es el único que se terminó.»

[Mary Shelley: Frankenstein, Prólogo]

¿Es que no ven ahí latir el sentimiento inconfesado de traición que Mary debió experimentar cuando sus dos amigos, Shelley y Byron, siempre tan apasionadamente instalados en su mutua relación -como los dos amigos de El gabinete del doctor Caligari, Francis y Alan, por otra parte- partían de excursión y desatendían su amor?

Lord Byron: No me extraña que Murray no lo publicara. El público se escandalizaría.

Mary Shelley: Creo que lo publicarán.

Mary Shelley: Entonces, tendrás que explicar muchas cosas.

No saben ustedes cuántas.

Pues Percy Shelley, cuando leyera el relato, no podría dejar de reconocer todos los detalles que parecían señalarle a él en el lugar del propio Frankenstein.

Pues Elisabeth, la novia de Frankenstein,

tiene en la novela una historia previa que la película omite: era una primita del protagonista que, al quedar huérfana muy niña, fue adoptada por los padres de éste, de modo que vivieron su infancia como dos amorosos hermanitos.

Y por su parte, Percy Shelley tuvo una hermana con ese mismo nombre, Elisabeth, a la que estuvo tan unido que llegó a hacer con ella lo que nunca haría con su esposa: publicar primero una obra poética «Poemas originales de Victor y Cazire«, y más tarde una colección de versos satíricos titulada «Fragmentos póstumos de Margaret Nicholson«.

¿Se imaginan ustedes la intensidad de esa relación, fraternal o incestuosa, elijan la palabra que prefieran, que no le hizo dudar al joven poeta a escribir en femenino bajo el seudónimo de la tal Margaret?


De la novela al film

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Y por cierto que -supongo que ustedes lo saben- una de las dos diferencias básicas entre la novela de Shelley y las películas de Whale estriba en que, en la novela, Elisabeth muere asesinada en su noche de bodas.

Y antes, por supuesto, de que tenga lugar su consumación.

En la novela, Frankenstein, cuando acepta la tarea de crear a la mujer del monstruo, parte de viaje a Escocia donde inicia la tarea que luego interrumpe, renunciado a ella, y más tarde, navegando a la deriva, llega hasta Irlanda.

Pues bien, ese fue el mismo itinerario que siguió Shelley antes de casarse con Mary, cuando, con 19 años, se fugó primero a Escocia con una joven de 16 años, Harriet, y luego, cuando se cansó de ella, se fue a Irlanda donde se introdujo en los círculos de poetas revolucionarios.

De modo que esa primera mujer de Shelley, Harriet ocupa el lugar de la mujer del monstruo a la que Frankesntein no llega a dar vida.

Y por cierto que 16 debía ser la cifra del erotismo heterosexual de Percy Shelley, pues igualmente se enamoró y huyo, esta vez a Suiza, con Mary cuando ésta tenía todavía sólo 16 años.

¿Se desinteresaría también de ella cuando creciera y dejara de ser una niña?

En cualquier caso, ninguna relación de Percy Shelley llega a alcanzar la intensidad de la que mantuvo con Lord Byron.

¿No ven en ello una buena justificación del exordio moral de Mary?:

Mary Shelley: Los editores no entienden que quise escribir una lección moral sobre el castigo que recibiría el mortal que se atreviese a imitar a Dios.

Uno muy directamente dirigido a Percy Shelley quien, además de poeta, fue el autor de un ensayo titulado La necesidad del ateísmo.

Lord Byron: Sea cual sea tu intención, disfruto saboreando cada horror por separado. Los paladeo una y otra vez.

Como ven, Whale no se recata en hacer visible el homoerotismo de los poetas.

Mary Shelley: No, Lord Byron. No me lo recuerdes esta noche.

Lord Byron: Estos frágiles y pálidos dedos escribieron semejante pesadilla.

Observen que el film insiste de mil maneras en poner sobre el tapete la cuestión del sujeto de la enunciación que protagoniza el acto de escritura.

Mary Shelley: ¡Ay!

Mary Shelley: Has hecho que me pinche, Byron. Está sangrando.

Y la relación directa de ese acto de enunciación con la sangre.

Permítanme todavía dos datos más en los que la novela de Mary se cruza con su biografía: si en la película el monstruo asesina a una niña

-para la que, dicho sea de paso, Whale escoge el nombre de la propia Mary- en la novela asesina a un niño de la misma edad, llamado William, y hermano pequeño del propio Frankenstein, con lo que el monstruo inicia su venganza.

Y bien: William era el nombre tanto del padre de Mary -William Godwin- como del segundo hijo de éste, producto del matrimonio que contrajo en segundas nupcias, 6 años después la muerte de la madre de Mary, con una suiza ginebrina.

¿Venganza simbólica, entonces, hacia el padre, a través del hijo?


Mary Wollstonecraft

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Pero queda todavía por explicar lo esencial: más allá del destilado de la queja hacia el marido y su amigo, más allá de la ira hacia el padre, ¿de dónde procede la experiencia íntima de lo monstruoso que habita a la propia Mary Shelley?

Pues sin eso -les digo lo mismo que les decía de Whale- la novela no hubiera podido alcanzar su dimensión de verdad.

Podemos llegar a ello con sólo tirar del hilo de la venganza hacia el padre.

La madre de Mary Shelley, la escritora y activista feminista Mary Wollstonecraft, murió a efectos del parto en el que nació su hija.

Pero la magnitud de este hecho en la vida de la futura escritora sólo se comprende del todo cuando se atiende a los sucesos que precedieron de inmediato a ese parto.

Mary Wollstonecraft estaba por entonces locamente enamorada de un hombre llamado Imlay, quien finalmente terminó por abandonarla.

Tras perseguirle inútilmente, en mayo de 1795 la mujer intentó suicidarse.

Mary Shelley nació muy poco después, en agosto de 1797, una vez que su madre, ya embarazada, se había casado con su padre, William Godwin.

De modo que esa madre quedó embarazada sólo un año después de su intento de suicidio.

Y de un intento de suicidio del que, al parecer, no llegó nunca a retractarse pues, cuando se recuperó fisicamente, escribió lo que sigue:

«Sólo tengo que lamentar que, cuando la amargura de la muerte había pasado, fui inhumanamente traída de vuelta a la vida y la miseria. Pero tengo la firme determinación de que esa decepción no me desconcierte; no dejaré que lo que fue uno de los actos más calmados de mi razón quede como un intento desesperado. En lo que a ello respecta, sólo tengo que rendir cuentas a mí misma. Si me preocupara por lo que llaman reputación, serían otras circunstancias las que me deshonrarían.»

Como ven, le sobraban a Mary Shelley motivos para reconocer, en el fondo de su ser, la idea de la monstruosidad, sabiéndose hija de un madre que reivindicaba su suicidio -un suicidio demasiado próximo a su propio nacimiento- como el acto más calmado de su razón.