16. El pajarito escapa -mal encuadre, vacío, gemidos

 

 

 

 

 

 

Jesús González Requena
Psicoanálisis y Análisis Textual, 2019
sesión del 2019-11-08 (1)
Universidad Complutense de Madrid
de esta edición: gonzalezrequena.com, 2020

 

 

 

 

 

 

 

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El pajarito escapa

 


 

La nitidez de la jaula se impone ahora sobre el rostro de la mujer: por primera vez el brillo dorado de aquella se hace visible con mayor intensidad que el del cabello de ésta.

 

Se trata sin duda de traducir su turbación en el momento de reconocer que eso, el pajarito del amor, ella, en tanto mujer, no lo tiene.

 

Pero es bien evidente que se resiste a ello todo lo que puede. Así trata de hacerse con el pajarito, sacarlo de la jaula y mostrárselo a él…

 


 

Doy por hecho que han oído de nuevo ese sonido metálico de fondo, de nuevo totalmente incongruente, dado que parece proceder de un fondo distante del inconciliable con el que podría producirse en esta jaula tan próxima y pequeña.

 

Como ven, ese sonido que en su momento atribuimos a la pesadilla retorna ahora.

 

Por cierto, recordarán que les hablaba uno de estos días de la importancia de lo que está en el centro. Ya sé que no está de moda hablar de la importancia del centro, pero, ¿qué quieren que les diga? Los hechos son los hechos y ellos mandan en toda reflexión que se pretenda científica.

 

Ya les mostré lo que se encontraba en el centro del film y vieron hasta qué punto de trataba de algo en verdad impactante.

 

Pues bien, ¿saben que se encuentra en el centro de esta larga escena -dura 7 minutos con 13 segundos- que nos viene ocupando los últimos días? Pues exactamente esto: el instante en el que el pajarito se escapa.

 




•Melanie: Oh! Oh!



 

Escapa, vuela por la tienda, asciende hasta su techo.

 

 


Segundo plano vacío

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Irrumpe entonces en pantalla, justo en ese momento que reconocíamos decisivo del encuentro del hombre y la mujer, una constelación visual, no por justificable en lo diegético -se trata, después de todo, del techo de la pajarería- menos imprevista y desconcertante.

 



 

Pues no se ha visto precedida por un raccord de mirada y ninguna panorámica ascendente la ha asociado a las posiciones de los personajes.

 

Sin más, ha irrumpido bruscamente a modo de un espacio vacío, despoblado de objetos, de muebles y de jaulas, y por ello mismo abstracto, casi geométrico -bien próximo, por eso, a los explorados por las vanguardias plásticas.

 

Su color podríamos describirlo como blanco… si no fuera porque presenta un cierto parecido con el del fondo de la escena inicial de los créditos:

 


 

Se trata, ciertamente, del segundo plano vacío del film,


 

por más que en él revolotee desordenadamente ese minúsculo pajarillo que acaba de escaparse de su jaula y que, por lo veloz de su movimiento y por lo evanescente de su desbocado aleteo, no puede ser visualizado de otra forma que como una mancha inestable y fugaz. Algo, en este aspecto, semejante a lo que sucedía con los pájaros negros del comienzo.

 

De modo que el que éste sea mitad verde y mitad amarillo no lo separa de esa amenaza, sino que, bien por el contrario, suspende la limitación de ésta al ámbito de lo negro que venía rigiendo hasta aquí para extenderla a toda la gama cromática.

 

Y, ni que decirlo tiene, con su vuelo, el eje de la verticalidad se hace nuevamente presente. Sabemos que con solo seguir la dirección que esas manos femeninas señalan, más allá del techo, se encuentran los pájaros en libertad cuya amenaza se halla suspendida sobre el mundo.

 

Se trata, además, de un plano vacío hasta cuatro veces repetido:

 



•MacGruder: Oh, What is it? Oh!









 

Y, como aquel otro plano vacío,

 


 

éste es también un plano vacío ligado a lo femenino.

 

Así lo acreditan esas dos manos con sus uñas visiblemente pintadas de rojo y tan extrañamente cortadas por el encuadre, manifestando no se sabe que angustiado anhelo.

 

Manos tensas a la vez que abiertas que subrayan el vacío central del plano, la ausencia en él de todo objeto para la mirada, el desvanecimiento, en suma, de toda forma de objetualidad.

 


Gemidos de mujer

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Pero entenderán mejor lo que se juega en la escena si la escuchan con los ojos cerrados.

 

De modo que háganlo: cierren los ojos y solo escuchen.

 

¿Se dan cuenta ahora?

 

Lo que han escuchado, sobre el fondo de ese caótico piar de los pájaros, han sido gemidos de mujer.

 

Es decir: las llamas sonoras de su goce.

 

¿Les estoy diciendo que ha tenido lugar un acto sexual? No exactamente. Por lo que se refiere al desarrollo de la narración, no ha sucedido otra cosa que la escapada de un pajarito. Pero no es menos cierto que ese escaparse del pajarito no solo ha tenido una relación directa con el juego de seducción entre ambos personajes, sino que va a constituir una pieza clave del impacto sufrido por Melanie que va a llevarla a emprender el largo viaje, de finalidad no menos amorosa, que sigue.

 

En todo caso, lo fundamental es esto otro.

 

Díganme, si esto, en vez de una narración cinematográfica fuera un sueño, ¿no aceptarían sin dudarlo dos veces que el acto sexual es el contenido latente de eso que, en el contenido manifiesto, se presenta como el escaparse de un pajarito? Por lo demás, ese pajarito vuela, y el volar es una de las canónicas expresiones oníricas del acto sexual.

 

Y, por otra parte, si atendemos a lo que dicen las mujeres de la escena…

 






•Mitch: There we are.


•Melanie: Oh, there.


•MacGruder: Wonderful.

 

Wonderful, declaran entusiasmadas ante ese hombre que se presenta como tan diestro en el manejo del pajarito.

 

Y por cierto que cuando así hacen nos son mostradas ambas flanqueando la jaula dorada del pájaro negro.

 

 

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