12. El pájaro del amor y el pájaro negro

 

 

 

 

 

 

Jesús González Requena
Psicoanálisis y Análisis Textual, 2019
sesión del 2019-10-25 (1)
Universidad Complutense de Madrid
de esta edición: gonzalezrequena.com, 2020

 

 

 

 

 

 

 

 

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La demanda de MItch: wonder

 


•Melanie: Yes. What is it you’re looking for, sir?



•Mitch: Lovebirds.

 

Es ciertamente notable lo que Mitch demanda.

 

Pajaritos del amor.

 

¿Cómo es posible? ¿acaso no es él varón, acaso no debe tener, por eso mismo, el pajarito del amor? Ciertamente, lo tiene -me refiero, no lo pierdan de vista, al pajarito del amor, es decir, al pene.

 

Quizás ustedes, a pesar de todo lo que hablamos el otro día, seguramente siguen preguntándose que, si es así, si lo tiene, ¿por qué habría de pedírselo a ella?

 

El caso es que se lo pide y ustedes se sonríen cuando lo oyen, lo que quiere decir que se lo toman en serio. Pues recuerden lo que Freud decía del chiste: que en él hay casi siempre cierto deseo inconsciente que encuentra una vía de manifestación. Por el simple hecho de que entran en el juego de la situación de comedia sofisticada que la escena presenta, en cierto plano de ustedes mismos, dan por verdadera tan peculiar demanda.

 

De modo que nos sobran los motivos para seguir explorándola.

 

Debemos por tanto deletrearla más detenidamente:

 



•Mitch: I wonder if you could help me.


 

Atiéndeme,

 


•Melanie: What?



•Mitch: I said, I wonder if you could help me.

 

Atiéndeme

 


•Melanie: Yes. What is it you’re looking for, sir?


•Mitch: Lovebirds.

 

Pajaritos del amor.

 

Hay algo de telegráfico en el modo en el que esta demanda se formula: Atiéndeme – pajarito del amor.

 

¿Como presentar lo elidido, la solución de continuidad entre lo uno -Atiéndame- y lo otro –el pajarito del amor? ¿Le está pidiendo a ella que le de el pajarito del amor? ¿O le está pidiendo que lo sea para él?

 

Pero atendamos más detenidamente a la primera parte de la demanda que he resumido en un expeditivo atiéndeme:

 


•Mitch: I wonder if you could help me.


 

La traducción convencional es ¿Puede usted ayudarme?

 

Pero hay algo de maravillado en el modo de preguntarse de él.

 

Reside en ese wonder que, como verbo, se traduce desde luego como preguntarse, pero también como asombrarse y maravillarse.

 

Y, como sustantivo, wonder se traduce por todas las constelaciones de la maravilla: maravilla, milagro, prodigio, asombro, admiración, portento

 

De modo que sería algo maravilloso, asombroso, prodigioso, que ella, precisamente ella, pudiera ayudarle en el campo de los pajaritos del amor.

 

Y ciertamente es así, dado que precisamente eso, el pajarito del amor, es algo que ella ni es, ni lo tiene.

 

 


Lo wonder del asombro de las chicas

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Por lo demás, ¿se han dado cuenta de que lo wonder opera también para ella? Me refiero a la sorpresa y al asombro con el que, en un primer momento, Melanie escucha la demanda de él:

 


•Mitch: I wonder if you could help me.


•Melanie: What?

 

¿Qué?

 


•Mitch: I said, I wonder if you could help me.


 

Ven su asombro: ¿qué quiere? ¿cómo es posible que él quiera algo de mí? Les hablaba el otro día del acoso que las niñas que acaban de salir de la fase de latencia someten a los niños de su edad que se encuentran todavía en ella.

 

Ciertamente, no deja de molestarles el modo en que los niños huyen de ellas -algún día habrá que empezar a analizar hasta que punto ese es uno de los motivos del fracaso escolar de los varones en esta fase, dado que esto que les cuento sucede precisamente en la escuela, en la que nos hemos empeñado a meter juntos a niños y niñas de la misma edad.

 

Pero dejemos esto ahora.

 

Lo que me interesa es llamarles la atención sobre lo wonder del asombro que esas mismas niñas han de sentir cierto tiempo después, cuando perciben que esos niños que las huían de pronto comienzan a interesarse por ellas y a…

 


 

colocarlas en el centro de su campo visual, justo en ese lugar donde hacía mucho que ellas habían querido estar.

 


 

Lo ven, ¿verdad? Ven con que gusto, pasado el primer asombro, se instala Melanie en esa posición.

 


•Melanie: Yes. What is it you’re looking for, sir?

 

 

 

 

 

 


El hombre y la mujer frente a frente

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•Mitch: Lovebirds.

 

El caso es que ahí tienen ustedes al hombre y a la mujer, frente a frente, interpelándose en el campo del deseo.

 

En términos semióticos, dos signos, hombre y mujer,

 


hombre     /    mujer

 

que constituyen un eje semántico, es decir, que se presentan opuestos entre sí, de modo que su significado se establece por la vía de esa oposición.

 

El significado del significante hombre es, en el campo de la especie humana, lo que se opone al significado del significante mujer y viceversa.

 

De modo que cierta barra significante -que no es para nada la que se inventa Lacan, sino la de Saussure- separa y opone lo uno de lo otro.

 

Ahora bien, eso es lo que sucede en el orden semiótico, porque en el orden de lo real…

 

¿Qué sucede en el orden de lo real? ¿Qué sucede ahí tal y como el film lo escribe en esta imagen?

 

Que en el lugar de esa barra significante aparece algo que no es un mero elemento de diferencia y oposición, puramente inmaterial, como diría Saussure, sino algo densamente material, algo que se espesa bien matéricamente, una presencia material que se presenta como informe y amenazante a la vez: ese gran pájaro negro.

 

Y se dan cuenta de hasta que punto el conjunto formado por ese pájaro negro y su jaula dorada poseen una presencia visual superior a la de cada uno de los dos personajes.

 

Pues bien, ahí lo tienen: el punto de ignición. Entre el hombre y la mujer, en lo real, el horizonte de la experiencia sexual.

 

Una experiencia en la que esos confines que constituyen los significados diferenciales de lo masculino y lo femenino, tanto como sus imagos diferenciadoras, se disuelven en el choque con el cuerpo real -quiero decir, con el cuerpo propio allí donde se confunde con el cuerpo del otro.

 


El pájaro del amor y el pájaro negro

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Ciertamente, ese pájaro negro no es el pájaro del amor.

 

Por supuesto que no.

 

Mas algo tiene que ver con él, pues es todo lo contrario que él.

 

Y ya saben ustedes que las dos vías más directas que conectan dos términos del lenguaje son la semejanza y la oposición.

 

De hecho, como veíamos el último día, ese pájaro negro ha sido algo

 


 

capaz de ensombrecer la mirada de Mitch, que por eso se desviaba de él

 


 

para iluminarse con la contemplación de

 


 

la figura de Melanie.

 

Ahora bien, si el pajarito del amor es el pene -recuerden que no lo digo yo, sino la Real Academia Española-, entonces ese pájaro negro debe ser todo lo contrario.

 

Y bien, ¿qué es todo lo contrario del pene? ¿Qué es todo lo contrario del pene en esa dialéctica, la de la fase fálica, que es la dialéctica del tener o no tener?

 

La castración, sin duda,

 

¿Que por qué pongo la experiencia sexual y la castración en el mismo lugar? Bueno, en primer lugar, no soy yo quien la pone ahí, solo soy, en todo caso, quien la encuentra ahí, en el film.

 

Pero, en todo caso, la cosa es del todo plausible, al menos desde el punto de vista del varón, quien accede entusiasmado a la experiencia sexual en la que espera poseer el objeto, ese objeto que tiene buena figura y espléndidas piernas y, sin embargo, a la hora de la verdad, choca con eso que es todo lo contrario y de lo que no quería saber nada: la castración tal y como se presenta para él en el cuerpo hendido de la mujer.

 

Como ven, solo un héroe aguanta ahí sin salir huyendo.

 

Y eso, un héroe, es precisamente lo que Melanie reclama.

 

El caso es que ahí tienen a Mitch, rodeado de un lado por la bella, resplandeciente, deslumbrante wonder Melanie y, del otro lado, por el amenazante, por el espeluznante pájaro negro.

 

Podemos percibir bien ahora hasta que punto el dorado de la jaula es idéntico al del cabello de Melanie, como el negro de su vestido es el mismo negro del pájaro, a la vez que presenta una textura no menor que la de éste.

 

Queda así definido el segundo conflicto narrativo del film como el que enfrenta al hombre y a la mujer en el campo del desafío sexual -pues les recuerdo una vez más que como ninguna otra cosa comparecen ambos: en lo que sigue, todas sus acciones, hasta el comienzo de las agresiones de los pájaros, no responderán a otro móvil que el del juego de la seducción.

 

Y, claro está, si les digo que éste es el segundo conflicto narrativo es porque el primero, presente desde el comienzo, es el que enfrenta a la civilización y los pájaros.

 

Pero, si lo piensan bien, se darán cuenta de que estos dos conflictos que vertebran el relato no son, después de todo, más que dos aspectos de un mismo drama.

 

Pues si el problema de la civilización estriba en cómo gestionar la violencia que emana de la pulsión, el encuentro sexual entre el hombre y la mujer es un ámbito central donde esa dificultad y esa gestión se ponen en juego.

 

 

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